2 de enero de 2026

Es en el fondo no programable, magmático, de una mente sin transparencia posible donde surgen los milagros y los errores, escribe Montserrat Álvarez en esta breve columna que recrea nuestra antigua fascinación por los autómatas y se burla de los programas de «inteligencia artificial».


"No salgas que a la siesta porque Jasy Jateré te va a llevar", esta tal vez fue la frase más usada por nuestras madres para asustarnos, con el fin de quedarnos quietos en casa. Pero además del niño rubio, también existen otros personajes fantásticos, como el Pombero, los duendes o las sirenas, con un vasto simbolismo que dan una explicación mágica y maravillosa del universo.


Aunque la estética en el sentido contemporáneo, es decir, no como un tema –la reflexión filosófica sobre el arte y la belleza se remonta en Occidente a la Antigüedad– sino como una disciplina autónoma dentro del quehacer filosófico, es de aparición tardía (se suele datar con Baumgarten, ya en 1742, cuando dicta sus lecciones de estética, ya en 1750, cuando publica su Aesthetica), yo diría que su existencia, de una manera tácita y larvada, es tan antigua al menos como las cavernas pintadas del Paleolítico superior.