5 de abril de 2025
La emoción es el alma de toda hinchada, el fútbol es una pasión desbordante para la mayoría. En el marco de la clasificación para el Mundial 2026 (EEUU, Canadá y México), la Albirroja regaló recientemente alegría a todo el Paraguay. Sin embargo, el fervor puede cruzar los límites de la diversión e identificarse con un patriotismo exacerbado.
Muchos creen que ser de Olimpia y no querer ponerse la camiseta de Cerro es algo inofensivo. Sin embargo, ciertos sucesos cotidianos demuestran que el fanatismo descontrolado hace cometer a las personas acciones perjudiciales e incorrectas.
Festejás porque tu equipo gana y te frustrás si pierde. ¡Normal! Sin embargo, hay personas que son extremadamente fanáticas y, cuando los resultados no son favorables, maldicen al árbitro, a los jugadores y a todos los que se crucen en su camino.
El predicador del Jubileo de la Misericordia, Pbro. Alejo Robadín, propuso ayer desechar el fanatismo de la política y de la religión porque hace perder la razón y así no se puede gobernar.
Si bien la causa “Rodrigo Elías Benítez y otros sobre perturbación a la paz pública y otros” no tuvo víctimas que lamentar, la violencia generada por rivalidades en el fútbol ya enlutó a muchas familias.
El fanatismo se refiere a una apasionada e incondicional adhesión a una causa, un entusiasmo desmedido y monomanía persistente hacia determinados temas, de modo obstinado, algunas veces indiscriminado y violento.