Cargando...
También dicha frase se hizo célebre a través de la obra “Julio César”, de William Shakespeare, donde un adivino le advierte a César cuando se dirigía al Senado: “Ten cuidado con los Idus de marzo, aún no se han ido”. La misma encierra un mensaje profundo y multifacético, que puede interpretarse de diversas maneras especialmente en contextos políticos y sociales; una advertencia sobre las consecuencias de las acciones del gobierno, la corrupción y el abuso de poder que crean un ambiente inestable. Es una enérgica metáfora en el contexto de un gobierno corrupto y un sistema político donde los políticos actúan en beneficio propio, desafiando la ética y la justicia. Evoca recuerdos de derivaciones severas para quienes abusan del poder y se aíslan de las penurias y necesidades de los ciudadanos.
En cuanto al cansancio de los mansos invita a una profunda reflexión sobre la responsabilidad cívica y la moralidad en la política y sus consecuencias. Refleja un estado de postración emocional y moral, que nace cuando las personas honestas, quienes diariamente trabajan y aportan al erario público, se ven continuamente frustradas por la corrupción, la injusticia y la falta de respuesta e indiferencia de los líderes, quienes priorizan sus intereses personales o de grupo listos para apañar la corrupción por encima del bien común, eternizando un ciclo de corrupción que empeora la desigualdad y el sufrimiento de la población.
Y viene al caso todo lo expuesto, ya que es harto conocido que en nuestro medio el mes de marzo es significativo por los eventos que han acontecido y en los que el cansancio de los mansos tuvo prevalencia ante el abuso del poder y de la corrupción, esta última que no se quiere ir, gozando de buena salud también ante la impavidez de un Ministerio Público obsecuente y un Poder Judicial anestesiado.
Estamos en marzo, mes de manifestaciones. Los mansos se están cansando ante los corruptos que han perdido todo atisbo de vergüenza; cada vez se roba más, tenemos un gobierno que dilapida el erario público, insensible a las necesidades del pueblo, listo para apañar actos de corrupción, lo que se ha vuelto insostenible.
Cuando el gobierno se vuelve insensible a las necesidades de su pueblo, priorizando intereses de un pequeño grupo sobre el bienestar general, cuando ignora las demandas de la población deslegitima su autoridad y la frustración y el descontento se acumulan, socavando la confianza y el apoyo de los ciudadanos, incitando la ira de los mansos. El descontento popular crece con cada acto de corrupción.
La respuesta que el gobierno elige adoptar ante estas manifestaciones, ante este cansancio, apoyado por sus obsecuentes, muchos solventados con dinero del erario público o con componendas, esos que “ya están mejor”, es evitar aquellas o en su caso menoscabarlas . Es crucial que el gobierno y los políticos en general entiendan que silenciar las voces de la ciudadanía no es un signo de fortaleza, sino de debilidad.
Coartar la voz de la ciudadanía no solo es moral y legalmente cuestionable, sino que también es práctico y socialmente perjudicial. Es que las manifestaciones son una expresión de la democracia; pretender silenciarlas resulta en un acrecentamiento de la insatisfacción y la polarización social. Los políticos, el gobierno en particular, deben recordar que su papel es servir al pueblo, no solo gobernarlo y, menos aun, servirse de él ni mucho menos robarle.
Enfrentar la corrupción requiere de un compromiso colectivo para mantener a los funcionarios responsables y promover la transparencia.
La lección de los Idus de marzo es que la vigilancia y la participación ciudadana son cruciales. La historia demuestra que el poder no solo debe ser controlado, sino también cuestionado. La movilización ciudadana, la de los mansos, siempre está presente, especialmente en sistemas donde la corrupción prevalece. La corrupción no debe ser tolerada y es responsabilidad del pueblo exigir transparencia y rendición de cuentas, recordando que la historia se repite si no se actúa.
A pesar de los intentos del gobierno y sus personeros por silenciar las manifestaciones o evitar el descontento, controlar la situación, las tensiones están presentes y la resistencia del pueblo sigue viva. “Pueden intentar callar, silenciar nuestras voces, el clamor popular, sembrar miedo, pero los Idus de marzo aún no se fueron; la justicia y la verdad esperan su momento”. Es fundamental que nos unamos para exigir un cambio.