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Como ya es sabido, al presidente Santiago Peña al parecer le gusta hacer caso omiso de las inquietudes ciudadanas, de los reclamos sociales y de las investigaciones periodísticas que desnudan supuestos casos de corrupción que muchas veces salpican a su entorno. Así, el cuestionado proceso de adquisición de los ya bautizados como “pupitres de oro”, de procedencia china, presuntamente sobrefacturados, no ha sido la excepción a su tradicional inacción e indiferencia en asuntos de importancia nacional.
Si bien el escándalo desatado por la licitación pública para la compra de muebles escolares por parte de Itaipú no ha inquietado al Gobierno, muchas otras irregularidades se han tejido en torno de dicha adjudicación, como el precio aparentemente sobrefacturado, la selección del oferente que resultó ser un allegado –con dudosos documentos– al vicepresidente de la República, Pedro Alliana, y la fabricación de los muebles con las características y cantidades exactas a lo solicitado en el pliego de bases y condiciones incluso antes de resultar adjudicada la firma del empresario chino Long Jiang. Todo esto arroja características de una licitación amañada; sin embargo, el Presidente de la República permanece inmutable, tal vez porque su vicepresidente podría estar involucrado.
Debido a la conveniente actitud “ñembotavy” del Gobierno, un grupo de legisladores presentó una denuncia penal ante el Ministerio Público, institución cuya cabeza, Emiliano Rolón, también se caracteriza por mirar siempre para otro lado cuando de proactividad se trata. Sin embargo, esta denuncia obligó al fiel creyente en la magia de Mandrake a conformar ayer un equipo que investigará los cargos de lesión de confianza, estafa, cohecho, soborno y asociación criminal, entre otros graves hechos punibles. Pero como en otros grandes casos judiciales que ponen en jaque a la democracia y el Estado de derecho, también en este seguramente debemos aguardar un milagro, o tal vez un acto de magia.
Todo este enmarañado suceso, que permea los más altos niveles de decisión estatal y que salpica incluso al vicepresidente de la República, no hace mellas en la decisión de Santiago Peña, de al menos oponerse y buscar impedir, a través de los representantes del Poder Ejecutivo en el Consejo de Administración de Itaipú, que siguiera adelante el dudoso proceso licitatorio a costa de la desconfianza y el descontento del pueblo. Los muebles deben ser entregados a como dé lugar, y de hecho, ya se distribuyeron hasta ahora unos 2.500 de los 330.000 comprados, en presencia de autoridades partidarias, echando mano incluso de la infraestructura comunal para el montaje y distribución de los bien llamados “pupitres de oro”, con la participación, además, de funcionarios del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) e Itaipú Binacional.
A través de sus redes sociales, el MEC hizo gala del inicio de la distribución a tambor batiente de 330.000 pupitres a las primeras escuelas del país que tuvieron el “privilegio” de recibir los muebles con tufo a corrupción. Un pomposo discurso intentó “perfumar” el putrefacto olor que deja una aparente sobrefacturación y una supuesta licitación amañada, pero ni el más caro perfume podría conseguir hacerlo. Por lo tanto, aquel discurso del MEC diciendo “Mejoramos las condiciones de aprendizaje, apuntando a un servicio educativo integral” no ha sido más que palabras vacías para una realidad que dice exactamente lo contrario.
Ni hablar de lo que esto significa para la industria nacional, donde la mano de obra paraguaya ha sido relegada en este proceso de licitación, y con ello, miles de obreros dedicados a la producción de muebles nacionales han quedado excluidos de la posibilidad de proveer al Estado. El discurso de Patria y Familia ha pasado a un simple eslogan sin contenido, ya que la producción nacional fue desechada para privilegiar a una dudosa empresa cuyo principal accionista es un ciudadano extranjero.
No se puede estar más que de acuerdo en que los niños y niñas paraguayos cuenten con el mejor mobiliario en sus escuelas, y no solo pupitres, sino también útiles escolares, alimentación saludable e infraestructura acorde a la dignidad humana, pero nunca a través de operaciones con tufo a negociados o contratos amañados para posible provecho de unos pocos en contra del pueblo. Por lo tanto, todos los organismos de control deberían estar con los ojos puestos en esclarecer esta licitación, y la Itaipú debería ser la más interesada, salvo que su director, Justo Zacarías Irún, y la binacional sean parte del sistema de corrupción.
Pero lo más triste de todo esto es que Santiago Peña ha dicho, no solo en tiempos de campaña sino en varios discursos, que los niños y niñas representan una prioridad para su Gobierno, pero hoy esos niños y niñas están recibiendo pupitres producto de una dudosa licitación pública, sobre los cuales apoyarán los libros que abrirán sus mentes, los cuadernos que contendrán sus lecciones aprendidas y sus mochilas cargadas de sueños y esperanzas.
Hoy nuestros niños y niñas aprenderán lecciones de ética y moral en unos muebles que simbolizan todo lo contrario. ¿Qué enseñanza están dejando Santiago Peña y demás autoridades a los alumnos paraguayos? Lo importante para el Gobierno parece ser dar la sensación de su supuesto “interés” en la educación paraguaya, sin entender que la educación real comienza demostrando un verdadero combate a la corrupción. El resto es “cuento chino”.