31 de enero de 2026

Durante décadas, en muchas casas se veía un perro al fondo del terreno, atado o encerrado, y este ladraba a todo lo que pasaba. No entraba a la casa, casi no salía a la calle y su única “función” era avisar si alguien se acercaba. Ese “perro de patio” comienza a verse hoy como una costumbre vieja y difícil de sostener.