22 de febrero de 2026

Tomar decisiones “racionales” es más la excepción que la norma. En el trabajo, en el supermercado o al leer noticias, el cerebro recurre a atajos para ahorrar tiempo y energía. El problema es que esos atajos —conocidos como sesgos cognitivos— no solo simplifican la realidad: también la distorsionan. Y, sin que nos demos cuenta, pueden empujarnos a elegir peor.