Corrupción y crueldad en la memoria

El torturador es el individuo en su máximo grado de crueldad. La corrupción (robo) es también un signo de brutalidad, pues siempre acarrea desgracias. Corrupción y crueldad son marcas que el estronismo sistematizó para convertirlas en plataformas de poder. Que Stroessner siga siendo presidente honorario de la ANR es un mensaje significativamente elocuente de una forma de adhesión a la barbarie de aquel tiempo.

Casi 50 años después de ocurridos los dramáticos hechos, la justicia condenó a 25 años de prisión a Eusebio Torres Romero y Fortunato Lorenzo Laspina, y a 20 años a Manuel Crescencio Alcaraz. Todos ellos policías y torturadores que en diciembre de 1976 se ensañaron de la manera más espantosa con Domingo Guzmán Rolón. Este era entonces un joven veinteañero secuestrado en la Argentina y traído al Paraguay en el marco de la persecución a las Ligas Agrarias desatada en aquella época.

Rolón estuvo preso en el Departamento de Investigaciones durante un año. Allí sufrió las vejaciones más atroces que pudiera soportar humano alguno. Luego lo enviaron a Emboscada. Fue liberado en agosto de 1978. Pero la persecución no terminó. Lo siguieron hostigando de manera demencial.

Esto dejó en Domingo Guzmán secuelas físicas y psicológicas: angustia crónica, ansiedad, irritabilidad, pesadillas recurrentes y un lógico miedo. Los golpes se fijan en la mente, más que en el cuerpo.

En el 2011 decidió denunciar su caso, entre tantos otros similares. La Fiscalía de Derechos Humanos comenzó su investigación en el 2017, y en noviembre de 2025 se inició el juicio oral a los torturadores citados arriba. El juicio concluyó el 12 de febrero de 2026 con la sentencia señalada.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Domingo Guzmán Rolón no pudo escuchar la lectura de esa justicia que tardó demasiado: había fallecido en mayo de 2024. Hasta la muerte se portó de manera cruel con él.

La tortura fue un signo del estronismo. En gobiernos anteriores también los hubo, pero no en la forma sistemática con que se impuso en el régimen estronista, sobre todo a partir de finales de los años 50, cuando se creó la Dirección Nacional de Asuntos Técnicos, llamada simplemente La Técnica, el sitio de los horrores.

Su director desde su fundación hasta su cierre (en 1992) fue uno solo: Antonio Campos Alum, quien estuvo en Estados Unidos en 1957. La Técnica fue organizada poco después por el coronel Robert Thierry, experto en “cómo hacer hablar al prójimo”. Luego todo eso se transmitió a Investigaciones.

Actualmente ya no se tortura sistemáticamente (aunque sí, ocasionalmente). La tortura es ya consecuencia de la corrupción, también sistematizada durante el estronismo.

Antes podía usted morir sentado en una sala de tortura. Hoy puede morir en IPS, sentado esperando una máquina que no funciona, porque los rubros para su mantenimiento se los engulló la voracidad impenitente de los dueños del poder.

El torturador es hoy un burócrata corrupto y cruel vestido de traje fino. Ese que rinde aún pleitesía al presidente honorario que le legó tantas tétricas costumbres.

nerifarina@gmail.com