Nuestros propios enemigos

En Paraguay pesa mucho la historia. De hecho que es lo más lógico luego de haber peleado una guerra en solitario contra otros tres países vecinos y quedar en completa ruina, tanto política, como económica, cultural y social. Es que un alto porcentaje de la población civil pereció en un intento digno de resistencia.

Digamos que las consecuencias lógicas venían tras la crueldad que pudo sentir toda la población, y una vez muerto el presidente, tocaba la reconstrucción. Brasil ocupó la capital paraguaya, sus tropas dejaron recuerdos imborrables, y no hablamos de los mejores. Pero a pesar de todo se buscaba que el Paraguay, ya despojado de territorio, vuelva a salir a flote.

Uno de los primeros intentos de reconstrucción en la postguerra se produce en 1871 cuando el gobierno de un país en quiebra solicita un crédito de un millón de libras esterlinas, de cuya cifra llegó solamente un poco más de 400 mil libras esterlinas, más de la mitad fue a parar a los bolsillos de los intermediarios. Pero lo más triste, como lo recuerda el historiador Claudio Velázquez Llano en su libro “Caballerismo y hegemonía colorada”, es que la cifra restante fue despilfarrada por las corruptas autoridades de la época. Fueron las mismas autoridades las que pusieron palos en las ruedas y retrasaron la reconstrucción.

A más de uno le sonará familiar si comparan esos hechos con algunas autoridades o ex autoridades de la actualidad. La corrupción ha sido el plato diario en el país y uno de los causantes de tanto atraso. Es la moneda corriente que generaciones de paraguayos han venido pagando con intereses. Si las dos guerras que padeció el Paraguay fueron inevitables, el hambre de los avivados y corruptas autoridades produjeron décadas de atrasos. Hechos que afectaron a tantas generaciones que quedaron con una educación deficiente, una salud deteriorada y por ende, menos desarrollo social.

Hay que entender de una vez que la corrupción no es inocua, y no es correcto que sea “normalizada” con sobres que no se saben de dónde proviene. Es la causante de que generaciones de paraguayos tengan deudas, incluso antes de nacer. Nos resta años de desarrollo y cuando hay progreso evita que se acelere.

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El caso de la Municipalidad de Asunción es en parte similar al del Paraguay en la postguerra de 1870. Años de corrupción y clientelismo que dejaron sin recursos económicos permitieron que la capital se presente ante el Mercosur, la Unión Europea y ante el mundo con una imagen que deja mucho que desear, con espacios públicos derruidos, calles desastrosas y una sobrepoblación de funcionarios, muchos de los cuales -irónicamente- no tienen funciones. Casualmente, por otras circunstancias, este año los impuestos se incrementaron, lo que obliga a los ciudadanos a solventar la buena vida de unos pocos (así como fue ayer).

arturo@abc.com.py