5 de abril de 2025
Un año después de publicar la primera entrega de la serie «Historias perdidas del anarquismo paraguayo», hoy nos toca publicar la última. Ojalá inspire nuevas investigaciones.
Acá hay un grave problema cuando se mezcla todo dentro de la lucha sindical: la política partidaria y el feminismo, un feminismo no popular sino muchas veces un feminismo que cree tener la única voz, que pretende o intenta u obliga con sus ideas y acciones algunas veces radicales, antimachos, a incentivar aún más la discriminación con la lucha de clases (sindical y política). Al creer que solo un género puede hacer el cambio.
Hoy, jueves 15 de julio, desde las 19:00 horas se invita al público interesado a participar en las Tertulias Nocturnas en línea, un nuevo espacio virtual y seguro de encuentro y diálogo que en esta ocasión tendrá como invitado especial de la noche al periodista Jorge Zárate para conversar sobre el tema «Periodismo & Sindicalismo».
“La gente que muerde la mano que los alimenta, normalmente lame la bota que los patea”. Eric Hoffer
Una vez más los sindicalistas de ANDE dejaron en claro que la fantasía populista no tiene límites. En una nota enviada a este diario, cargada de retórica estatista, los líderes sindicales de ANDE llegan al extremo de la ridiculez, ya en el primer párrafo, acusando a este diario, a mi persona y a otros de conspirar para “impedir el buen servicio y funcionamiento de la ANDE”, para solo superarse en ridiculez en los siguientes párrafos, describiéndose a sí mismos como los grandes defensores de la patria y guardianes de las riquezas naturales del Paraguay (da risa). Amigos lectores, les invito a leer la nota enviada por los sindicatos de la ANDE, no por el aporte técnico o la contribución intelectual, sino por su alto contenido fantasioso.
El sindicalismo de la dictadura, liderado por el tristemente célebre Sotero Ledesma, no gozaba de ninguna afición de la parte oprimida del pueblo; al contrario, era motivo de burlas. El sindicalismo posdictadura ya no goza de la simpatía de nadie, y probablemente ni de los propios familiares de cerca de 270.000 empleados públicos, entre los cuales se incluye a policías, militares y diplomáticos.