11 de enero de 2026
El seguro a primer riesgo representa una modalidad práctica y accesible dentro del contrato de seguros, diseñada para ofrecer una protección eficiente sin la complejidad de coberturas totales. En esencia, este tipo de seguro establece un límite máximo de indemnización acordado entre el asegurado y la aseguradora, conocido como suma asegurada, que actúa como un techo para cualquier siniestro.
El seguro ha tenido que evolucionar como actividad milenaria y como un mecanismo de reducir el inevitable temor y la ansiedad hacia lo incierto y lo desconocido desde sus primeros vestigios hacia el año 5000 a. C. en China hasta la actualidad. Tuvo que acompañar el avance y la modernización de los procesos evolutivos en los distintos escenarios que intervinieron la costumbre y la inteligencia humana. Así, la industria aseguradora vivió bajo la premisa de que los riesgos podían clasificarse, modelarse y anticiparse con relativa estabilidad.
La violencia pública que trae aparejados disturbios civiles se está incrementando a nivel global, debido a las tensiones geopolíticas y los efectos derivados de los conflictos crónicos en todo el mundo. Estos hechos de disturbios civiles pueden incluir desde una bomba pirotécnica hasta daños a viviendas, vehículos e instalaciones públicas en un mismo punto o en varios al mismo tiempo en un país. Constituyen riesgos difíciles de determinar en cuanto a sus alcances, pudiendo considerarse desde hechos que causen daños aislados o secuencia de situaciones de alcance malicioso. Muchas pólizas estándar excluyen o limitan la cobertura en casos de riesgos políticos o disturbios civiles, requiriendo pólizas específicas o cláusulas adicionales que cubran estos eventos.
Cada historia tiene un punto de origen, un comienzo, un punto de inflexión, un instante decisivo que marca el inicio de algo trascendente. En el universo del seguro ese instante le podemos dar el nombre simbólico de el Big Bang del seguro. Es el momento en que el individuo –movido por la reflexión, la experiencia vivida o simplemente el instinto de supervivencia– toma conciencia del riesgo y decide protegerse frente a él. No se trata de una simple transacción económica o algo puramente material, sino de un acto profundamente humano: el despertar de la conciencia de vulnerabilidad y la elección deliberada de buscar su seguridad y la de los suyos.
La contaminación del medioambiente es un problema que se hace cada vez más visible. Los daños ecológicos causados por la contaminación, sea esta del aire, del agua, o del suelo, pueden originar desembolsos de altísimas sumas de dinero que se deben invertir si se quiere retrotraer la situación a la existente antes de la ocurrencia del daño contaminante. Por ejemplo, un derrame de combustible en la costa del río o un vertedero de sustancias tóxicas en las aguas que abastezcan las necesidades de una población, o en la acción de los residuos procedentes de refinerías o industrias químicas en los suelos agrícolas aledaños, etc., son situaciones que en algún momento las hemos tenido o se están registrando en algún punto del país.
En el primer congreso nacional de peritos tasadores de seguros celebrado en Barcelona, en marzo de 1982, se definió muy bien la figura del perito como “... aquella persona física experta y legalmente capacitada en cuanto al estudio, clasificación y evaluación de los riesgos, a la prevención y reconstrucción de los siniestros, determinando sus causas y circunstancias, a la tasación de los daños y a la determinación de la propuesta de las indemnizaciones en base al contrato de seguro que ampare los bienes siniestrados...”.