5 de marzo de 2026

La ansiedad puede expresarse de formas aparentemente opuestas: atracones o restricción, búsqueda compulsiva de sexo o evitación del contacto íntimo. En el centro, sin embargo, suele haber un mecanismo común: el intento de regular emociones intensas —miedo, vergüenza, soledad— a través del cuerpo. Por eso, cuando existe un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), la sexualidad rara vez queda al margen.

La sobreestimulación en el dormitorio puede transformar la intimidad en malestar. Conocer sus señales y ajustar el ambiente, desde la luz hasta la comunicación, es clave para crear un espacio seguro y funcional para la conexión emocional.

La caída del deseo sexual femenino suele leerse como un problema “de pareja” u “hormonal”. Pero ansiedad y depresión —por sus síntomas y por sus tratamientos— alteran el circuito del placer, la excitación y el vínculo. Entenderlo cambia el abordaje.

La ansiedad se manifiesta en el cuerpo antes que en la mente, activando una respuesta biológica que puede confundirse con problemas de salud graves. Reconocer los síntomas físicos es crucial para abordar este trastorno que afecta a millones diariamente.

Un reciente estudio de JAMA Health Forum revela que el consumo de cannabis durante la adolescencia duplica el riesgo de trastornos psiquiátricos graves. Analizando a 463.396 jóvenes, los hallazgos subrayan la necesidad urgente de información precisa sobre este peligro creciente.