3 de febrero de 2026

El suelo lleno de babas junto al bebedero, el sofá con marcas húmedas y ese “babero” constante en el hocico. Para muchos dueños, la saliva de su perro es parte del paisaje doméstico. Sin embargo, no siempre es algo inocente: un babeo excesivo o repentino puede ser uno de los primeros signos de que algo va mal.

Cuando un perro se levanta tras dormir y da unos pasos cojeando, muchos dueños piensan que “se le durmió la pata” o que “es la edad”. Sin embargo, los veterinarios advierten: este puede ser uno de los primeros síntomas de displasia de cadera, una enfermedad articular frecuente, sobre todo en razas medianas y grandes.


Los gatos son expertos en guardar secretos. En la naturaleza, mostrar dolor significa mostrarse débil, y ese instinto sigue muy vivo en los mininos del sofá. Por eso, un gato enfermo muchas veces parece “normal” hasta que el problema ya es serio.

Cuando suben las temperaturas, la atención suele centrarse en golpes de calor y deshidratación. Pero hay dos partes del cuerpo de perros y gatos que sufren en silencio el verano extremo: las almohadillas y la nariz. Quemaduras, grietas y dolor al caminar son consecuencias frecuentes de la exposición a suelos abrasadores y a un sol cada vez más intenso.

Con la llegada del calor, las playas se llenan de sombrillas, conservadoras y también de perros que acompañan a sus dueños. Pero mientras muchos se preocupan por el sol o las corrientes, un enemigo silencioso suele pasar desapercibido: la arena caliente.