25 de febrero de 2026

El perro sale del baño oliendo a champú y, en cuanto puede, se revuelca sobre una alfombra, el césped húmedo o —peor— algún resto orgánico de olor intenso. Lo que parece una “venganza” es, en realidad, una conducta común y con varias explicaciones posibles.


El suelo lleno de babas junto al bebedero, el sofá con marcas húmedas y ese “babero” constante en el hocico. Para muchos dueños, la saliva de su perro es parte del paisaje doméstico. Sin embargo, no siempre es algo inocente: un babeo excesivo o repentino puede ser uno de los primeros signos de que algo va mal.

Picor intenso, manchas rojas, descamación. Cuando la piel se altera, una de las primeras sospechas suele ser “sarna” o “hongos”. Ambas palabras generan alarma, sobre todo cuando hay animales en casa. Pero ni todo lo que pica es sarna, ni cualquier mancha circular es un hongo, y mucho menos son sinónimo de “suciedad”.

Los parásitos internos son uno de los problemas de salud más frecuentes en los perros y, al mismo tiempo, uno de los más fáciles de prevenir. Sin embargo, los olvidos en el calendario de desparasitación siguen siendo habituales, con consecuencias que van desde diarreas crónicas hasta riesgos para la salud humana.

Un gato que entra y sale del arenero, maúlla con desesperación y apenas deja unas gotas de orina con sangre no está “haciendo un berrinche”: puede estar sufriendo una obstrucción urinaria, una urgencia veterinaria que, sin tratamiento rápido, puede ser mortal en cuestión de horas. En el centro del problema, con frecuencia, están los cristales en la orina y un factor muchas veces pasado por alto: la falta de humedad en la dieta.