5 de febrero de 2026

Ladridos desesperados ante un trueno, temblores al cruzar la calle o el simple rechazo a conocer gente nueva. Cada vez más tutores consultan por animales “miedosos”, un problema que no solo afecta la convivencia, sino también la salud física y emocional de las mascotas.

Un perro normalmente obediente salta sobre las visitas, ladra sin parar o roba comida de la mesa, justo cuando sus tutores más desean que se porte bien. Lo que parece “desobediencia selectiva” tiene explicación científica y un fuerte componente social.

El suelo lleno de babas junto al bebedero, el sofá con marcas húmedas y ese “babero” constante en el hocico. Para muchos dueños, la saliva de su perro es parte del paisaje doméstico. Sin embargo, no siempre es algo inocente: un babeo excesivo o repentino puede ser uno de los primeros signos de que algo va mal.

Las encías de un perro o un gato suelen pasar desapercibidas en la rutina diaria. Sin embargo, su color puede ofrecer pistas clave sobre la salud del animal. Cuando en lugar del tono rosado habitual se vuelven muy pálidas o casi blancas, podría tratarse de algo más que una simple “falta de ánimo”: la señal de una anemia o de una enfermedad grave subyacente.

Durante meses, el cachorro se sentaba a la primera, acudía cuando lo llamaban y paseaba sin tirar de la correa. De repente, alrededor del año de vida, parece otro: ignora órdenes básicas, se distrae con cualquier estímulo y pone a prueba la paciencia de la familia. No suele ser “maldad” ni un fallo en la educación, sino adolescencia canina.