30 de abril de 2026
Se cumplen 35 años del asesinato del periodista paraguayo Santiago Leguizamón, en un atentado perpetrado por sicarios brasileños en Pedro Juan Caballero. Denunciaba de todo y a todos. Sabía que lo podían silenciar, pero prefirió la muerte física antes que la ética. Y así fue, porque aunque lo desaparecieron de este mundo, su legado perdura hasta ahora.

El Juzgado Penal de Garantías de San Lorenzo dispuso la prisión preventiva para José Camilo Marecos Núñez, sindicado como el autor de haber arrojado una bomba molotov a la casa de un periodista, ubicada en Lambaré. El mismo está procesado por los hechos de producción de riesgos comunes y coacción grave por ese caso.

La Policía Nacional (PN) y el Ministerio Público (MP) capturaron ayer en un allanamiento en el barrio Tacumbú de Asunción al que sería el sicario que el 13 de octubre pasado perpetró un atentado con bomba molotov contra la casa del abogado y periodista Aníbal David Benítez Vera, en el barrio Santa Luisa de Lambaré.

La fiscala de Derechos Humanos Sonia del Carmen Sanguinés Bidondo imputó hoy a José Camilo Marecos Núñez por los hechos punibles de producción de riesgos comunes y coacción grave. Es en el caso del ataque a la casa de un periodista con bomba molotov.

Un jefe de la barra brava de Cerro Porteño, quien también sería uno de los principales narcotraficantes de Ñemby, fue capturado con dos supuestos secretarios por el atentado contra el periodista Fabián Costa, jefe de Prensa de la Municipalidad de Lambaré.
Los atentados a tiros contra las viviendas de los periodistas Fabián Costa y Carlos Benítez, de distintos medios, cometidos en la vecina ciudad de Lambaré, son nuevas evidencias del auge de la violencia que se viene registrando en nuestro país. Estamos ingresando en otro nivel, tal vez el más peligroso de todos, pues atacar la libertad de prensa es atacar a la madre de todas las libertades. De modo que la violencia que está experimentando nuestro país ya no proviene solo de los asaltantes que emplean con frecuencia armas largas, o de los robos domiciliarios, entre otros, sino se está comenzando peligrosamente a emplearla contra generadores de ideas. Es de pensar que la situación no es aún irreversible. Pero las autoridades deben convencerse de que la gente común no goza del aparato de seguridad del que ellas están rodeadas, sino que está expuesta permanentemente a los ladrones, asaltantes, robacoches, chespiceros, o quedar en medio de una balacera entre bandas rivales.