26 de enero de 2026

Un nuevo calvario tuvieron que soportar los usuarios del transporte público ante una nueva “regulada” dispuesta tras discrepancias entre el Viceministerio del Transporte y empresarios del ramo, a causa la propuesta de mantener la tarifa técnica del pasaje durante unos meses.
El viejo drama del transporte público de pasajeros en la Gran Asunción persiste, sin que su conclusión esté a la vista. El último capítulo de esta penosa historia se inició el 24 de julio de este año, cuando el Poder Ejecutivo presentó al Senado el proyecto de ley que fija “la rectoría sobre el transporte terrestre” y modifica y amplía la ley “que regula el Sistema Nacional de Transporte y crea la Dirección Nacional de Transporte (Dinatran) y la Secretaría Metropolitana de Transporte (SMT), relativas al servicio de transporte público metropolitano de pasajeros”. El proyecto generó numerosas posiciones encontradas, mientras su estudio avanza a paso de tortuga, como si las autoridades del Gobierno y los legisladores no quisieran meterse en camisa de once varas. Ya pasó demasiado tiempo. Es necesario apurar los pasos para que cuanto antes se busque poner fin al suplicio de los usuarios.


Aunque el proyecto de reforma del transporte público incluye por primera vez a los pasajeros en un consejo asesor multisectorial, sus opiniones no serán vinculantes. Opama advierte que, sin poder real de decisión ni un plan operativo y de financiación claros, la participación ciudadana corre el riesgo de quedar solo en el papel.
Los chantajistas consuetudinarios del Centro de Empresarios del Transporte de Pasajeros del Área Metropolitana (Cetrapam) no están dispuestos a abandonar su odiosa práctica. Como ya lo había insinuado su presidente, César Ruiz Díaz, al mentar hace unos días un “paro natural”, han vuelto a la carga anunciando uno artificial de 72 horas, a partir del próximo 21 de julio. Exigen, entre otras cosas, el pago inmediato de los subsidios correspondientes a mayo y junio, mientras el Gobierno asegura que está al día. Entonces, alguien miente en este culebrón. La problemática del transporte público en la Gran Asunción debe abordarse con la seriedad debida, fuera del confuso tira y afloja verbal acostumbrado. El modelo actual ya está agotado por culpa de unos “empresarios” despiadados y de unos gobiernos inoperantes que han venido tolerando sus notorias inconductas.
Por si aún hiciera falta, en estos días de intenso frío se está volviendo a notar la impiedad de los miembros del Centro de Transportistas del Área Metropolitana (Cetrapam), que someten a los usuarios a largas esperas antes de abordar unos ómnibus repletos y en mal estado. El Gobierno también tiene su gran cuota de responsabilidad en este drama. A los primeros, que el año anterior recibieron 347.408 millones de guaraníes en concepto de subsidios, no les importa que sus clientes deban aguardar a la intemperie, con el riesgo de incumplir sus respectivos horarios de trabajo ni que una ley penalice como “coacción y perturbación de servicios públicos” el hecho de que se amenace o extorsione a órganos estatales “por cualquier medio”. Una de esas vías ilícitas es la infame “regulada” impune.