28 de enero de 2026

Cuando una persona llega a casa cargada de tensión y la otra, en cuestión de minutos, acaba igual de irritada, angustiada o agotada, suele decirse que hay “mala energía” en el ambiente. La psicología relacional le pone otro nombre: parejas “esponja”, vínculos en los que uno —o ambos— tienden a absorber de forma automática el estado emocional del otro.

En el imaginario colectivo, el “orgasmo compartido” —esa culminación simultánea del placer durante el sexo— se presenta como una especie de medalla de oro de la intimidad. Películas, series y literatura erótica lo retratan como la prueba máxima de compatibilidad sexual. Pero, ¿qué dice realmente la ciencia sobre esta experiencia? ¿Es una meta realista, deseable… o una presión más que pesa sobre las parejas?

Empacar no es solo un acto logístico; revela quiénes somos. Desde la meticulosidad hasta la improvisación, la forma en que preparamos una maleta refleja rasgos de personalidad y, en pareja, ilumina dinámicas a menudo pasadas por alto.

Viajar en pareja puede parecer un sueño hecho realidad, pero detrás de unas vistas gloriosas se esconden más realidades que conflictos en la cartera; la logística, las expectativas y la saturación pueden ser el verdadero termómetro de la relación.

Cuando una relación entra en piloto automático o atraviesa una crisis, muchos piensan en viajar “para despejar la mente”. Pero en los últimos años ha surgido una tendencia más precisa: elegir destinos pensados específicamente para trabajar la relación, ya sea para reavivar la pasión, mejorar la comunicación o enfrentar un conflicto profundo. ¿Cuáles son los sitios ideales para esto?