6 de abril de 2026
Una vez más, el IPS se convierte en noticia por la peor de las razones. Una mujer de 62 años, diagnosticada con cáncer de mama derecha, entró al quirófano del Hospital Ingavi para una mastectomía. Salió con el seno izquierdo sano extirpado. Tres horas después, la volvieron a operar para quitarle el órgano que realmente correspondía. Sin empatía, sin disculpas de fondo, solo una “auditoría interna” que huele a cortina de humo. IPS no asume; evade, promete investigar. Esto no es un accidente aislado. Es el mismo guion macabro que ya lo vivió don Ramón Samudio, a quien en 2022, en el Hospital Central del IPS, le amputaron la pierna izquierda sana en lugar de la derecha afectada por trombosis. O la “muerte evitable” de Braulio Vázquez en enero pasado. Basta ya. No se trata de “error humano”. Es crimen institucional. No es “falta de recursos”. Es saqueo sistemático. No es “mala suerte”. Es desprecio absoluto por la vida de quien financia el IPS con su trabajo honesto.


La diagnosticaron cáncer de mama y la despidieron sin motivos. Se trata de Nancy Grance, una paciente oncológica quien nos contó que se sintió violada en todos sus derechos y además discriminada más por la condición en la que se encuentra. Dijo que era el momento en el cual ella necesitaba de la empresa, así como ella estuvo en los momentos que se requería cumplir a cabalidad con todas las responsabilidades que implicaba sus labores. “Me sentí discriminada y muy indignada, porque no elegí esta enfermedad. Le dije a mis exjefes que esto a cualquiera le puede tocar. Me sentí traicionada por mi exjefa, porque hasta el último momento me decía: ‘No te preocupes por tu puesto de trabajo”’, aseveró la mujer.
