19 de marzo de 2026
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Castella define “retorcido, da. Del part. de retorcer. adj. Dicho de una persona: De intención sinuosa. Sin.: maquiavélico, hipócrita, solapado, doblado, sinuoso, tortuoso, malpensado, artificioso, astuto, taimado. adj. Dicho del lenguaje o del modo de hablar: Confuso o de difícil comprensión. Sin.: rebuscado, alambicado, oscuro, barroco, complejo, conceptuoso”.
Organizaciones “no gubernamentales” (ong) globalistas están influenciando la realización de cierres de rutas por personas descriptas como “originarias”, pisoteando impunemente el derecho establecido por el Artículo 41 de nuestra Constitución que dice “Los habitantes pueden transitar libremente por el territorio nacional”.

La reciente suspensión de operaciones de Biggie Express, medida aplicada por Dirección Nacional de Vigilancia Sanitaria (Dinavisa), ha generado alarma entre diversas organizaciones de la sociedad civil en Paraguay, que advierten sobre el impacto económico y social de esta decisión.

La comisión “garrote” que se formó en el Congreso no logró probar nada de las supuestas investigaciones sobre lavado de dinero, como anunciaron con bombos y platillos. El cartismo evidenció con la entrega del informe final que el objetivo principal fue perseguir a sus enemigos políticos, como las organizaciones no gubernamentales, medios de prensa y empresas.
Mucho ruido y pocas nueces: la expresión viene a cuento de los magros frutos que cosechó la Comisión Bicameral de Investigación “Antilavado”, con su bautizada “ley garrote” o “ley anti-ONG”, conformada en agosto de 2024 a todas luces para perseguir, sobre todo, a las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) desafectas al Gobierno, mientras el Congreso estudiaba un proyecto de ley en tal sentido, presentado por el senador Gustavo Leite (ANR, cartista), paradójicamente tesorero este de la ONG Oráculos del Paraguay, receptora de fondos de Itaipú Binacional y de Tabacalera del Este. Esa suerte de Tribunal de la Inquisición ya emitió su arbitraria sentencia, aunque no pudo evitar admitir que le faltaron pruebas para sostener todas sus presunciones. Se quedó con las ganas y las manos vacías. Eso sí, se cuidó de husmear en las cercanías del poder político y económico que lo inspiró: una verdadera canallada liberticida.