27 de enero de 2026

En las salas de espera de veterinarias de cualquier ciudad de Latinoamérica se puede dar esta escena: alguien llama a “Luna” y se levantan dos o tres personas con correa en mano. Los registros de identificación —microchips, chapas municipales y bases de datos de grandes cadenas veterinarias— confirman la impresión: un puñado de nombres domina el mapa de perros y gatos en Latam.


De acuerdo a los datos de la oficina del Registro del Estado Civil (REC), no se permitirá registrar a recién nacidos con nombres relacionados a la pandemia del COVID-19, teniendo en cuenta que sucesos o personajes motivaron a algunos padres a anotar a sus hijos con singulares nombres. Sin embargo, se dio a conocer una lista de los nombres más llamativos y “raros” del país.
SALAMANCA, España. El pediatra de mi hijo era un hombre de esos que se dan solo una vez por siglo, tanto como profesional como ser humano. Cuando iba a ver a un recién nacido lo primero que les preguntaba a los padres era cómo se llamaba; y si estos comenzaban diciendo que estaban dudando entre fulano o mengano o zutano, montaba en cólera. “Tuvieron nueve meses para pensarlo. Ahora el niño ya está aquí y todavía no tiene nombre”. Por suerte nosotros no tropezamos con ese problema ya que su nombre estaba decidido por lo menos un siglo antes en memoria de mi bisabuelo, Ignacio, aquel malagueño alanceado en la Guerra del 70.
