29 de agosto de 2025
La construcción ha sido históricamente uno de los sectores más sensibles a los ciclos de inversión pública en Paraguay. Aunque el sector privado también ha sido un actor clave para compensar los escenarios adversos.
Vivimos en una cultura donde muchas veces se naturaliza gastar antes que ahorrar, y consumir antes que planificar. Pero cada día más personas se preguntan: ¿Qué pasaría si ese gasto impulsivo se convierte en una inversión que me permita proyectar un futuro con estabilidad y propósito?
En tiempos donde los mercados financieros se mueven con velocidad imprevisible y los pronósticos pierden vigencia tan pronto como aparece un nuevo titular, la pregunta relevante ya no es qué activo comprar sino cómo diseñar una arquitectura patrimonial sólida que sobreviva al ruido del mercado y a los sesgos inherentes al comportamiento humano.
La clasificación por ingresos funciona como señal externa de solvencia y como un termómetro interno de progreso. Para los países que escalan un peldaño, el nuevo rótulo puede mejorar la percepción de riesgo, atraer inversiones y abrir espacio fiscal; para los que retroceden, evidencia fragilidades que suelen reflejarse en tasas de interés más altas y presupuesto social más ajustado. Por eso, gobiernos y organismos multilaterales siguen de cerca cada actualización y aunque parezca un simple recorte estadístico, la categoría asignada marca la pauta del debate sobre desarrollo, condiciona la elegibilidad para financiamiento concesional y orienta tanto la asistencia oficial para el desarrollo como las prioridades internas de política económica.
De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el gasto corriente en salud crecerá con velocidad y de forma heterogénea en América Latina y el Caribe (ALC) durante los próximos 25 años. Las proyecciones parten de valores de 2018/2019 y combinan escenarios de crecimiento económico, adopción tecnológica y dinámicas demográficas para estimar cuánto deberán desembolsar familias y gobiernos hacia mitad de siglo.