3 de abril de 2025
La tecnología ha irrumpido en la gestión de las empresas. Algunos líderes están preparados para adoptar nuevas herramientas digitales, unos pocos adoptan tecnología dejando de lado al humano, mientras un porcentaje no combina con éxito el conocimiento, la experiencia, la intuición y la información, dejando que el ruido guíe sus decisiones, perdiendo visión estratégica.
La costumbre masculina paraguaya de mostrar el abdomen desnudo, o, como se suele decir, de «pelar panza» en la vereda es una costumbre muy de barrio, pero no de cualquier barrio, sino de barrio de gente «dura», «guapa» («guapa» en el sentido paraguayo del término, es decir, como una cualidad moral, no física ni –en este caso mucho menos aún– estética), que inventa trucos a diario para comer o que trabaja arduamente para ello y de vecinos «densos» que, de hecho, delinquen. Cuando menos, desde que yo misma vivo en un barrio así, la he observado con más frecuencia que antes.
«Toda belleza, involucra por igual la sangre y las ideas, el músculo y la mente, el espíritu y la epidermis, los nervios y los conceptos», escribe la poeta y filósofa anarquista Montserrat Álvarez en este artículo.
Aunque la estética en el sentido contemporáneo, es decir, no como un tema –la reflexión filosófica sobre el arte y la belleza se remonta en Occidente a la Antigüedad– sino como una disciplina autónoma dentro del quehacer filosófico, es de aparición tardía (se suele datar con Baumgarten, ya en 1742, cuando dicta sus lecciones de estética, ya en 1750, cuando publica su Aesthetica), yo diría que su existencia, de una manera tácita y larvada, es tan antigua al menos como las cavernas pintadas del Paleolítico superior.