22 de febrero de 2026

Invertir en educación en Paraguay no es solo un objetivo social, sino una estrategia financiera de alto retorno: aumentar la escolaridad a 12 años podría elevar los ingresos individuales en un 17% a largo plazo. Según el último Índice de Capital Humano (HCI+) del Banco Mundial, el sistema educativo actual es el principal “cuello de botella” que frena la productividad y perpetúa la pobreza en el país.


De acuerdo con el informe “Actualización regional sobre pobreza y desigualdad: América Latina y el Caribe”, elaborado por el Banco Mundial, América Latina y el Caribe (ALC), se registran avances significativos en la reducción de la pobreza, que se ubicará en 25,2% en 2025, su nivel más bajo en lo que va del siglo. La expansión del empleo y el aumento de los ingresos laborales explican gran parte de esta mejora, acompañada por una ampliación de la clase media, que alcanzará un 42,8% de la población regional.

El acceso a los alimentos depende en gran medida de los recursos financieros y físicos de los hogares, lo que permite asegurar una dieta adecuada y estable. Sin embargo, los efectos del cambio climático y los desastres naturales ponen en riesgo este acceso, principalmente a través de dos vías: la disminución de los ingresos rurales -debido a la caída de la productividad agrícola- y el aumento de los precios de los alimentos como consecuencia de una menor disponibilidad de productos. Ambos fenómenos, estrechamente vinculados, tienen implicaciones directas sobre la pobreza y la seguridad alimentaria, especialmente en los países en desarrollo.

La calidad del empleo constituye una dimensión esencial para evaluar el desarrollo de los países de América Latina, más allá de los indicadores tradicionales de crecimiento económico o de nivel de ocupación. El simple hecho de que una persona tenga trabajo no garantiza que ese empleo sea suficiente para asegurar bienestar, estabilidad e ingresos sostenibles. En contextos como el paraguayo, donde el mercado laboral se caracteriza por altos niveles de informalidad y marcada heterogeneidad entre sectores, analizar la calidad del empleo permite comprender con mayor profundidad la estructura productiva y las oportunidades reales de progreso económico de la población.

El crecimiento de los salarios y los ingresos laborales ha sido modesto en América Latina y el Caribe durante la última década (alrededor de 0,6% y 0,7% anual entre 2016 y 2024), mientras que el PIB per cápita se ha estancado, de acuerdo con datos del Banco Mundial (BM). Este comportamiento refleja que el progreso económico de la región no se ha traducido plenamente en mejoras sostenidas del poder adquisitivo.

La economía paraguaya atraviesa un periodo de notable crecimiento macro, proyectándose nuevamente para este año un repunte del 5,3% en el PIB, uno de los más altos de la región. Sin embargo, todavía enfrenta el reto de que la bonanza permee a la población, sobre todo a los de menos recursos. Ingresos estancados, inflación alta en alimentos, alta informalidad y desigualdad, son algunas de las barreras.