12 de marzo de 2026
El presidente de la República, Santiago Peña, ha llegado a la mitad de su mandato, al parecer sin tomar nota de los reclamos y de la urgente necesidad de efectuar cambios en la gestión gubernativa. Aunque le cueste creerlo, el país no “está mejor” que antes, en áreas tan relevantes como la seguridad interna, el sistema sanitario, la educación pública y la infraestructura vial, pero los responsables de esas áreas continúan, pese a voces que objetan sus gestiones. Sin dudas, el simple cambio de hombres no en todas las ocasiones arroja los resultados deseados, pero es evidente que a veces se impone la necesidad de refrescar el plantel cuando los cuestionamientos abundan. El jefe de Estado aún está a tiempo de hacer las correcciones aconsejadas por dos años y medio de experiencias gubernativas, muchas veces decepcionantes.

Baches, abandono y oscuridad marcan el día a día en la capital espiritual del país. Desde el kilómetro 55 hasta el 60 de la ruta PY02, justo después de la rotonda que da la bienvenida a la ciudad, la circunvalación permanece completamente a oscuras. Lo que debía ser una obra moderna y segura hoy representa un riesgo constante para quienes circulan por la zona. A esto se suman los caminos secundarios destruidos, como el del barrio San Vicente, que se ha convertido en una verdadera odisea para los conductores.
El Alto Paraguay sufre el infortunio de ser maltratado por los Gobiernos nacionales que vienen y van, sin que las autoridades del departamento suelan conmoverse. Abandonados a su suerte, los pobladores sufren graves carencias de diverso orden, entre ellas las relativas a la sanidad y a la infraestructura vial. A la marginación de siempre se agrega la desidia o la estupidez burocrática, como la revelada ahora -excepcionalmente- por el concejal departamental Sergio Cuéllar (ANR, cartista). Ocurre que aún no se han firmado los contratos adjudicados ya el 25 de agosto a dos empresas viales para reparar caminos de tierra, a un costo global de 16.668 millones de guaraníes. La razón sería que la cuenta abierta por el MOPC para el financiamiento quedó de hecho sin fondos. En principio, los trabajos deberían durar tres meses, pero resulta que la zona ya está ingresando en la temporada de lluvias, que se extiende hasta fines de febrero.

El dinamismo del sector privado paraguayo está tensionando los límites de una infraestructura pública que no crece al mismo ritmo. Pero en esa brecha surge una oportunidad: redefinir la cooperación entre Estado y empresas para impulsar obras estratégicas mediante modelos mixtos, innovación y una visión compartida de desarrollo.

La infraestructura de calidad es esencial para el crecimiento económico sostenido. Referentes de CAF, BID Invest y AFD destacaron que Paraguay está ante una oportunidad histórica para atraer inversión privada y consolidar un plan nacional de obras públicas.