6 de febrero de 2026

Ladridos desesperados ante un trueno, temblores al cruzar la calle o el simple rechazo a conocer gente nueva. Cada vez más tutores consultan por animales “miedosos”, un problema que no solo afecta la convivencia, sino también la salud física y emocional de las mascotas.


Compartir la cama con un perro o un gato puede empezar como un gesto de amor y terminar en noches sin dormir, columnas doloridas y un insólito triángulo amoroso: vos, tu pareja y una mascota que ocupa, misteriosamente, el espacio central del colchón. ¿Es posible recuperar tu lado de la cama sin traicionar el vínculo con tu animal? Los especialistas dicen que sí, pero exigen una estrategia tan firme como cariñosa.

La pérdida de un animal de compañía puede ser tan devastadora como la de un familiar, sin embargo, su duelo a menudo es minimizado socialmente. Expertos abogan por un cambio en la percepción para validar estas emociones profundas y necesarias.

Un gato que entra y sale del arenero, maúlla con desesperación y apenas deja unas gotas de orina con sangre no está “haciendo un berrinche”: puede estar sufriendo una obstrucción urinaria, una urgencia veterinaria que, sin tratamiento rápido, puede ser mortal en cuestión de horas. En el centro del problema, con frecuencia, están los cristales en la orina y un factor muchas veces pasado por alto: la falta de humedad en la dieta.

Los expertos en comportamiento felino insisten en que los gatos no “dominan” en el sentido humano del término, pero sí aprenden con rapidez qué conductas les reportan beneficios. O dicho de forma menos técnica: saben perfectamente cómo conseguir que vos te adaptes a ellos.