7 de mayo de 2026

Hay historias que no se pueden contar solo con goles, estadísticas o resultados, porque se sienten en la piel, se gritan en la calle, se lloran en silencio frente a una pantalla o terminan en abrazos a desconocidos. “El renacer Albirrojo”, estrenado el 30 de abril y que ya se puede ver en los cines, nace precisamente de ese territorio: el de la emoción compartida.


Hay veces en las que no hace falta cruzar fronteras ni pugnar por entradas para sentir la pasión de las gradas. De cara al Mundial de Fútbol, en muchos hogares el verdadero epicentro del sentimiento deportivo estará en las salas y los quinchos. Entre el aroma del asado, la mandioca recién hervida y el brillo de las pantallas redescubren el placer de “poner la casa” como la sede oficial de la emoción
Un estadio de fútbol y sus adyacencias han vuelto a ser el domingo último escenarios de graves hechos de violencia generados por jóvenes “barrabravas”. Ayer se informó que seis integrantes de la barra de Cerro Porteño procesados por los disturbios deberán cumplir prisión preventiva en Tacumbú por disposición del juez José Agustín Delmás. También se libró orden de detención de la fiscalía contra otros siete del mismo club. Tras la jornada dominical hubo decenas de detenidos, en tanto que varios agentes policiales debieron ser atendidos por heridas leves. En la misma noche del domingo, otro agente del grupo Lince sufrió el impacto de una bala disparada en un barrio de Fernando de la Mora por un hincha “organizado” del club Olimpia. Este también ya fue imputado y llevado a prisión. Hechos similares plantean la pregunta de si las fuerzas policiales están bien equipadas e instruidas, tanto para prevenirlos como para intervenir en ellas con rapidez y eficacia. También surge la interrogante de fondo de si la Secretaría Nacional de la Juventud y la sociedad en general están haciendo lo bastante para encarar la violencia juvenil ejercida bajo el transparente manto de la afición a un club, acompañada del consumo de estupefacientes.
Hay que reconocer que tiene su fama bien ganada. Es el día de la semana “que se reserva” para respirar, reunirse, comer en familia o sencillamente plantarse frente al televisor a ver cómo otros corren, chutan o aceleran. Y un montón de cosas más, según el gusto de cada quien. Una jornada que, en teoría, debería terminar con un gusto agradable y la sensación de haber vivido algo bueno. En teoría.