27 de abril de 2026

Despertarse con el corazón acelerado después de un sueño de persecución, llegar tarde a un examen imposible o discutir con alguien que en la vida real no está presente no es solo una rareza nocturna. Para muchos, esas escenas se vuelven más frecuentes en épocas de incertidumbre, sobrecarga laboral o conflictos personales. ¿Los sueños “predicen” el estrés o lo están procesando?

Durante años, revisar el celular en la cama se ha convertido en un gesto casi automático: un último vistazo a las redes, responder mensajes pendientes, “revisar algo rápido”. Pero lo que parece un hábito inocente está erosionando, noche tras noche, la calidad del sueño. Frente a la luz fría de la pantalla, el libro de papel —o un lector sin retroiluminación intensa— vuelve a perfilarse como el mejor aliado para descansar.

GINEBRA. Investigadores suizos y alemanes han hallado que una breve siesta puede reconfigurar las conexiones neuronales, mejorando notablemente la capacidad cerebral de aprendizaje, según un estudio publicado este jueves en la revista NeuroImage.

En un mercado saturado de gadgets, almohadones decorativos y productos “inteligentes” para dormir, una corriente va a contramano: reducir la cama a lo esencial. La premisa es simple y, según especialistas en medicina del sueño, tiene bastante sustento: para descansar bien no necesitás más cosas, sino mejores decisiones sobre unas pocas.

En diciembre las agendas se llenaron, los plazos se acortaron y las noches se alargaron… pero no necesariamente en la cama. Ante ese cansancio acumulado, muchos recurren al café, a las bebidas energéticas o a los “últimos esfuerzos” antes de las vacaciones. Sin embargo, la ciencia es clara: ninguna de esas estrategias compensa lo que el organismo pierde cuando se descuida el sueño.