12 de abril de 2026
La historia es clara y nos enseña que las sociedades perecen y colapsan cuando sus líderes abandonan los principios fundacionales y traicionan el contrato social que las sostiene. Roma se hundió por la corrupción estructural, la compra de voluntades y la incompetencia de no solo sus emperadores que olvidaron su rol moral sino del propio Senado romano. Grecia se desgarró en guerras fratricidas y en la impiedad de quienes confundieron poder con privilegio. Hoy, los paralelismos son innegables, evidentes y dolorosos.