5 de abril de 2026

En el mapa de los negocios las reglas cambiaron. No basta con tener el mejor producto, la mejor campaña y óptimos canales de distribución. Hoy, la ventaja competitiva se esconde en los servidores, las transacciones y la huella digital que deja cada consumidor. Los datos dejaron de ser un subproducto para convertirse en el activo más estratégico y valioso, son la gasolina para un uso efectivo de la inteligencia artificial.

Pasamos de la era analógica a la era digital y avanzamos a la era cuántica. Las empresas deben adaptarse, reformular sus estructuras, cultura y procesos para aprovechar las oportunidades. Según el BID y la UIP, Paraguay está rezagado, tomando en cuenta que solo el 17% de las industrias usan tecnologías 4.0.

La era digital trae oportunidades para potenciar el desarrollo, la productividad y la competitividad del sector productivo. El desafío está en definir con claridad la estrategia, el plan, las herramientas digitales y su adopción, en una cultura preparada para transformar procesos.

Lo que hoy se nos vende como un adelanto tecnológico y cultural no es más que el saqueo de nuestra memoria por intermediarios tecnológicos que rastrean nuestros datos y nos presentan la repetición de nuestro propio pasado como un anticipo de nuestros deseos y necesidades.
Los macrodatos son el nuevo petróleo. La inteligencia artificial (IA) es la nueva electricidad. Al igual que en los primeros días de la electricidad, nadie sabe muy bien qué hacer con la IA, pero todo el mundo está invirtiendo en ella e imaginando cómo puede cambiar nuestras vidas. Pero incluso si la IA se convierte en la fuerza de cambio que se predice, puede que no todo sea ideal.