WASHINGTON, Estados Unidos. Las alianzas de Estados Unidos para desarrollar la explotación de tierras raras en América Latina “no son una represalia” contra China, que cuenta con grandes inversiones en la región con el mismo objetivo, declaró este miércoles el subsecretario de Estado para Asuntos Energéticos, Caleb Orr.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) define a la población urbana ocupada en empleos de baja productividad como aquella que trabaja en condiciones caracterizadas por precariedad salarial, inestabilidad laboral y limitada o nula cobertura de seguridad social.

De acuerdo con la reciente publicación de Bloomberg, durante el primer año de la nueva administración de Donald Trump en Estados Unidos, el comportamiento del riesgo país en América Latina y el Caribe (ALC) mostró una dinámica que sorprendió a parte del mercado.

Según los datos más recientes disponibles de 2024–2025, la deuda externa total de América Latina supera los US$ 2 billones y se ha convertido en uno de los principales condicionantes macroeconómicos de la región. Este ranking recorre el mapa de la deuda externa, desde los países que concentran los mayores montos hasta aquellos donde la carga resulta más asfixiante en relación con el tamaño de su economía.

A comienzos del año 2026, el mercado laboral de América Latina y el Caribe (ALC) empieza a mostrar con mayor nitidez las fuerzas que están redefiniendo la contratación y la demanda de talento en la región. Lejos de responder únicamente a una recuperación cíclica tras los shocks económicos recientes, la dinámica del empleo revela un proceso más profundo de transformación estructural. De acuerdo con Bloomberg, la desaceleración de la economía global no frenó la generación de puestos de trabajo, aunque sí modificó de manera significativa los perfiles que buscan las empresas, que ahora priorizan competencias técnicas, especialización y una combinación de capacidades digitales y habilidades humanas menos expuestas a la automatización.

El sector agrícola de América Latina y el Caribe (ALC) atraviesa una etapa de desafíos estructurales cada vez más complejos, que combinan presiones sociales, económicas y ambientales. La necesidad de producir alimentos suficientes y nutritivos para una población en crecimiento, garantizar medios de vida viables en las zonas rurales y reducir el impacto ambiental de la actividad agropecuaria define en la actualidad la agenda estratégica del sector en la región.