La proyectista de la propuesta, la senadora Esperanza Martínez (FG), explicó que su iniciativa busca introducir un componente más sensible en la fórmula de reajuste: el Índice de Precios al Consumidor de alimentos (IPC-Alimentos), que históricamente sube más que el índice general.
“El gasto directo de bolsillo está casi en el 42%. Imagínense las familias con padres o abuelos que deben consumir medicamentos todos los meses: eso se lleva gran parte del ingreso. Este proyecto no pretende ser revolucionario ni resolver todo el problema, pero en un contexto de retroceso democrático creemos que puede ser un paso importante para mejorar el cálculo”, señaló.
Según datos del propio BCP citados en la audiencia, entre 2018 y 2023 el IPC general acumuló un 28%, mientras que el IPC de alimentos creció 47%, generando una fuerte pérdida del poder adquisitivo en los hogares más pobres.
Sindicatos: “el trabajador trabaja solo para comer”
Las centrales sindicales reclamaron que el salario mínimo vigente es insuficiente. Eduardo Ojeda, de la Corriente Sindical Clasista, denunció que los trabajadores deben destinar prácticamente todo su sueldo solo para cubrir la comida.
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“Un café con leche con galleta para cuatro personas cuesta 21 mil guaraníes al día; un almuerzo sencillo, 43.500; una cena, 44.500. En total, G. 3.369.000 al mes, cuando el salario mínimo ni llega a G. 3 millones. El trabajador trabaja para comer, y eso con un menú básico, no de lujo”, expresó, acusando además al IPS de ser “una estafa” y al Parlamento de estar “secuestrado por la narcopolítica”.
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En la misma línea, Aldo Snead, vicepresidente de la Central Unitaria de Trabajadores, sostuvo. “Todos coincidimos en que tenemos un salario miserable. Solo alcanza para comer. Necesitamos una política salarial seria que incluya salud, educación y alimentación en la canasta básica”.

El economista Raúl Monte Domecq, fue más crítico. “Este sistema es una estafa. Con cada ajuste del salario mínimo, no solo los trabajadores son afectados, también el Estado se beneficia porque automáticamente suben tasas judiciales, multas y tributos en 264 municipios. La propuesta es creativa pero insuficiente. Debemos construir un nuevo valor del salario mínimo sobre bases sólidas y realistas, con un índice de costo de vida familiar, como hacía el BCP en los años 60 y 70”.
La visión del Banco Central
El representante del Banco Central del Paraguay, Guillermo Ortiz, reconoció las limitaciones del índice actual.
“El IPC es un indicador macroeconómico general, adecuado para la política monetaria, pero insuficiente para representar el poder adquisitivo de un sector específico. Coincidimos en que puede ser perfeccionado. De hecho, estamos trabajando en una nueva encuesta de presupuesto familiar que permita calcular una canasta representativa para los hogares que perciben entre 1 y 2 salarios mínimos”, explicó.
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Ortiz defendió la credibilidad del BCP, aunque admitió problemas de comunicación. “No es falta de credibilidad, sino interpretaciones equivocadas sobre lo que mide el IPC. Pero coincidimos en que quizá otra institución o un nuevo mecanismo pueda ser más idóneo para el ajuste del salario mínimo”.
Próximos pasos
La senadora Martínez cerró la audiencia pidiendo a las centrales sindicales y organizaciones sociales que acerquen sus propuestas para enriquecer el debate legislativo.
“Queremos construir una fórmula más justa, que proteja el poder de compra del trabajador y que garantice, al menos, que el salario mínimo sirva para algo más que sobrevivir”, sostuvo.
La discusión sobre el nuevo cálculo continuará en las próximas semanas en el Congreso, con el desafío de conciliar las urgencias sociales y la sostenibilidad económica del país.