El 21 de enero, la Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior del Parlamento iraní reconoció al menos 27.500 muertos. Otros informes atribuidos a fuentes oficiales iraníes, como el del 24 de enero, hablan ya de 36.500 asesinados.
Sin embargo, en marzo, el papa León XIV, que no dijo una sola palabra sobre esos asesinatos, ni una sola, inició una campaña de críticas el gobierno de Estados Unidos por la operación militar contra la teocracia iraní diciendo que “En estas horas dramáticas, la estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas ni con armas que siembran destrucción, dolor y muerte… dirijo un llamamiento sentido a las partes involucradas para que asuman su responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable.”
Durante la Semana Santa agregó que “Dios rechaza la guerra y nadie puede usar a Dios para justificar la guerra… Dios… no se pone del lado de quienes lanzan bombas… Ninguna causa puede justificar el derramamiento de sangre inocente… Cristo, el Príncipe de la Paz, nunca está del lado de quienes ayer empuñaban la espada y hoy lanzan bombas”.
El 7 de abril de 2026 dijo que “Hoy… se ha producido… esta amenaza contra todo el pueblo de Irán, y esto es realmente inaceptable… Pido a todas las personas de buena voluntad que busquen siempre la paz y no la violencia, que rechacen la guerra, especialmente una guerra que muchos han calificado de injusta…”.
Saliendo para su gira africana dijo “¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra!”.
El 16 de abril dijo “¡Ay de aquellos que manipulan la religión y el mismo nombre de Dios para su propio beneficio militar, económico y político…”.
El papa Juan Pablo II también condenaba, en general, la guerra, pero reconociendo que “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón” (mensaje para la XXXV Jornada Mundial de la Paz, publicado el 8 de diciembre de 2001).
Lo dijo porque había apoyado el levantamiento de los trabajadores de Polonia contra la dictadura comunista que oprimía a su país, lo cual recordó el 11 de noviembre de 2003: “Al defender los derechos de los trabajadores, estáis actuando por una causa justa; por eso, podéis contar con la ayuda de la Iglesia”.
La teocracia asesina de su propio pueblo está en la búsqueda de armas nucleares. Se observa que la moral del papa León XIV es muy distinta a la de Juan Pablo II ante la vida de millones de iraníes y de personas del mundo amenazada por esos fanáticos.
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