Con esa declaración, el mandatario pretende eludir la responsabilidad política de haber impulsado a un personaje como el senador Rivas para que llegase a ocupar cargos de altísima responsabilidad, pese a no estar preparado intelectualmente y a quien, contra viendo y marea, siguen sosteniendo hasta ahora, vaya uno a saber por qué.
El daño institucional que sigue haciendo el movimiento Honor Colorado es inconmensurable y no se circunscribe a Rivas sino que se extiende con otros varios personajes y situaciones que dan un malísimo ejemplo a la ciudadanía honrada en general. Al mismo tiempo, esta conducta repetida le da alas a quienes se sirven de los cargos políticos para ostentar poder e influencias, para humillar a los más débiles y para robar y hacer daño sin importar las consecuencias.
Es vergonzoso y penoso que una persona formada y privilegiada como Peña se niegue a admitir los errores y a intentar, al menos, tener la conducta decorosa que merece el cargo en el que está.
De hecho, el mandatario es reincidente en algunas actitudes que le dan una pésima imagen. Aparentemente, no fue suficiente aquello que dijera en la campaña electoral de que los cargos públicos no se consiguen por capacidad sino por ser colorado.
Una faceta particularmente deplorable de Peña es la de involucrarse y defender, sin necesidad, a personajes de dudosa calaña. Hernán Rivas no es el primero. Antes lo hizo con el recordado senador Óscar González Daher, condenado por usura y lavado de dinero, al que llamó “árbol que da frutos”, o a Erico Galeano, condenado por lavado de dinero y asociación criminal, a quien, en algún momento, quiso presentar casi como un perseguido político al que atacaban porque, según él, ponía en riesgo el liderazgo político del senador Derlis Osorio en Capiatá.
La duda es si Peña es consciente de lo contradictorio que es querer presentarse como un gobernante preocupado por hacer lo mejor para el país y al mismo tiempo codearse con estos tipos.
Y en el caso que sea consciente, la pregunta es si llegó a tal deterioro moral que todo le da lo mismo y encima cree que la mayoría no se da cuenta de que lo que hace en realidad es pretender engañar y defender lo indefendible.
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