Niños en promoción

Parece que al gobierno de Santiago Peña no le basta con hacer política desde las oficinas, los micrófonos o las redes sociales. Descubrieron que los niños paraguayos también pueden ser un eficaz recurso publicitario. Así lo demuestran, sin pudor alguno, las recientes publicaciones oficiales que usaron imágenes infantiles para promocionar proyectos que son de dudosa efectividad.

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Recordemos aquel episodio del Ministerio de Desarrollo Social (MDS), que en un intento torpe y de pésimo gusto, publicó la foto de un niño uniformado lamiendo una bandeja vacía. “¿Alguna duda respecto a la aceptación del menú de #HambreCero?”, decía la publicación con una insensibilidad que alarma, como si la triste escena retratada y la cruda exposición de un menor de edad fuera motivo de orgullo y no de vergüenza.

Pocos días después, otra joya salió a la luz. Esta vez compartieron un vídeo con niños agradeciendo a Peña por pupitres chinos recién llegados a la escuela. “Gracias señor presidente Santiago Peña por las sillas”, repetían inocentemente los estudiantes, sin sospechar que sus voces estaban siendo usadas políticamente.

Esa publicación no iba a durar mucho luego de las fuertes críticas. Fue eliminada apenas comenzaron los repudios, con una excusa sobre “la falta de filtros”. Pero el daño ya estaba hecho, y quedó en evidencia la descarada manipulación.

Lo peor de esta situación no es la falta de sensibilidad ética, sino la ignorancia de las leyes. Parece que el gobierno desconoce, o quizás prefiere desconocer el Artículo 29 del Código de la Niñez y Adolescencia, que establece que los niños tienen derecho al respeto de su imagen y prohíbe explícitamente su utilización sin autorización judicial cuando pueda afectar su honra, reputación o bienestar.

Paradójicamente, el mismo gobierno se autoproclama “pro familia”, y hace de la defensa de los niños su bandera favorita en discursos y campañas políticas. Sin embargo, cuando llega el momento de proteger a niños, de respetar sus derechos, las prioridades cambian radicalmente.

No deja de ser irónico: quienes llenan sus discursos con palabras sobre protección infantil son los primeros en atentar contra la dignidad que tanto dicen defender. Es como si el gobierno tuviese claro que las buenas intenciones solo valen cuando generan votos o likes, pero cuando se trata de respetar, la memoria es corta.

No podemos permitir que el gobierno confunda las necesidades reales de la infancia paraguaya con propaganda barata, ni mucho menos que pisotee la dignidad de los más vulnerables en nombre del marketing político.

Llegó el momento de recordarle al presidente y a su gabinete que la dignidad de un niño jamás debería estar en oferta.

jose.peralta@abc.com.py

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