11 de febrero de 2026
Es un hecho notorio fácilmente comprobable que nuestro sistema educativo público desde hace décadas tiene graves problemas profundamente enraizados y prácticamente crónicos. Es cierto que la televisión, la quiebra de la familia, los cambios culturales, internet y, sobre todo, la cooptación por la ANR del personal directivo y docente del sector público, contribuyen al deterioro de la educación estatal en todos los niveles pedagógicos, pero no son esas las causas principales. Considero que las razones fundamentales de ese deterioro son la inconstitucional centralización y la escandalosa burocratización de la enseñanza pública.
Febrero nos evoca los días 2 y 3 de 1989, cuando el Paraguay cambió el rumbo de su historia. Amaneció libre de una dictadura perversa y corrupta que se extendió por todo el país durante 35 años, día y noche. En coincidencia con este aniversario se escuchan voces que reivindican los tiempos de horror; quieren confundir, o hacer dudar, a quienes no vivieron esa época. De todos modos –y sin olvidar ni un instante el pasado– nuestros afanes deben fortalecer la democracia, tan trabajosamente obtenida y tan trabajosamente sostenida.
Tocar la Caja Fiscal fue como abrir la caja de Pandora. Saltaron asuntillos para observar. Ejemplo: el grado de partidización de los gremios docentes. La primera amenaza fue: no les vamos a votar más. Y aquí entra a jugar la interna colorada. Aparte de la jubilación –objetivo legítimo–, hay otros intereses en ciertos dirigentes.
La alerta sobre la posible contaminación del arroyo Poti’y, en el límite entre Encarnación y Cambyretá, es el recordatorio visual y olfativo de una deuda histórica. Ver las máquinas de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) retirando toneladas de maleza acuática nos obliga a preguntarnos ¿Estamos limpiando un arroyo o estamos tratando de maquillar un error estructural que lleva décadas gestándose?