Con el Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2030 en su fase final y un nuevo horizonte en construcción, Paraguay se enfrenta al reto de proyectar su rumbo económico y empresarial hacia 2050. Más que una simple actualización, el nuevo plan —en elaboración por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF)— busca corregir desfasajes, incorporar aprendizajes y establecer condiciones estructurales para un crecimiento sostenido y competitivo. El tránsito entre ambos marcos estratégicos refleja tanto la evolución institucional como los desafíos persistentes de la economía paraguaya.
A diferencia del enfoque anterior, el PND 2050 estará bajo la órbita del MEF, lo que permite alinear directamente la planificación con la política fiscal. “Una cuestión fundamental que diferencia ambos planes es que este nuevo proyecto va a ser ejecutado, monitoreado y evaluado dentro de una misma institución”, señaló a ABC Negocios el viceministro de Economía y Planificación, Felipe González. Esta estructura busca corregir una de las principales debilidades del plan anterior: la desconexión entre metas de largo plazo y ejecución presupuestaria.
Lea más: MEF presenta al Congreso “plan de desarrollo” hasta 2050
El rezago del 2030 y las apuestas del 2050
Aunque el PND 2030 sentó bases importantes, no logró cerrar brechas estructurales clave. Persisten déficits en infraestructura, informalidad laboral elevada y baja productividad en varios sectores. De hecho, muchas metas no alcanzadas serán arrastradas al nuevo ciclo: “Este nuevo plan retoma algunas metas pendientes y propone otras más ambiciosas, adaptadas a una realidad distinta a la que se vislumbraba una década atrás”, explicó González.
Entre las metas del PND 2050 se incluye duplicar el PIB en una década. El viceministro lo considera un proceso evolutivo, condicionado a la mejora del capital humano, la infraestructura y la productividad: “Esto no se logra de un día para otro, pero sí es el camino que debemos seguir si queremos una economía más sofisticada y resiliente”. La apuesta gira en torno a un modelo que combine eficiencia fiscal con mayor sofisticación productiva, especialmente en sectores de alto valor agregado.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

¿Cuáles son los sectores que marcarán el rumbo?
En la transición entre planes también se modifican las prioridades. Si el agro, los servicios y la construcción fueron protagonistas del ciclo 2014–2023, el nuevo eje acopla al sector forestal —por su potencial en celulosa y fertilizantes verdes— y al energético, no solo como fuente de exportación sino como motor de desarrollo interno. “Necesitamos desarrollar nuevas formas de energía que sigan siendo renovables y generen empleo e inversión”, señaló el viceministro.
Estos sectores responden a dos necesidades: atraer capital de largo plazo y diversificar la matriz económica. La industrialización, el aprovechamiento inteligente de recursos naturales y la expansión de la economía verde son líneas estratégicas que atraviesan el nuevo plan.
Clima de negocios: fortalezas y deuda pendiente
Uno de los principales activos del país sigue siendo su clima de negocios, valorado en rankings internacionales por su baja presión tributaria, costos energéticos competitivos y estabilidad macroeconómica. Según González, “la Fundación Getulio Vargas sigue destacando el clima de negocios de Paraguay como uno de los mejores de la región”.
Pero los desafíos estructurales persisten. La informalidad limita la capacidad recaudatoria y reduce la productividad. Las trabas burocráticas, si bien en proceso de simplificación —como el sistema Suace y la creación del Registro Único Nacional (RUN)—, aún afectan la eficiencia operativa. La agenda del MEF incluye reformas normativas como la ley de arbitraje y nuevos regímenes de incentivos fiscales, que buscan posicionar al país como plataforma atractiva para inversiones internacionales.
Asimismo, el plan también apunta a fortalecer el régimen de maquila y potenciar alianzas público-privadas. Sin una base institucional y legal sólida, los objetivos de inversión y transformación productiva podrían quedar en el papel.
Ejecución y continuidad: el verdadero desafío
Por otra parte, uno de los riesgos de largo plazo es la discontinuidad institucional. Si bien el Plan 2050 prevé mecanismos de seguimiento y metas por sector y territorio, su éxito dependerá de su adopción como política de Estado. González advierte: “El Paraguay que mirábamos hacia 2030 ya no es el mismo que proyectamos hacia 2050”. Para ello, será clave que el plan no quede atado al ciclo electoral.
La construcción participativa —con aportes ciudadanos y territoriales— busca legitimar el proceso, pero eso no garantiza su implementación. La diferencia la marcarán los compromisos presupuestarios reales, la coordinación entre sectores y la capacidad de gestión del Estado.
¿Hoja de ruta o declaración de intenciones?
Paraguay se encuentra ante una disyuntiva, donde puede convertir el Plan 2050 en un instrumento operativo con impacto económico tangible, o repetir la experiencia del 2030, con avances parciales y metas diluidas. Si bien el diseño técnico se presta más robusto, el entorno regional e interno imponen nuevos desafíos.
Para el sector empresarial, el foco estará en la previsibilidad, es decir, que el plan garantice reglas claras, infraestructura funcional y un marco que incentive la inversión y la innovación. La economía paraguaya ya no puede depender únicamente de su estabilidad macroeconómica; necesita pasar a la siguiente etapa.