Día del Padre: una bendición criar hijos y servir a Dios

Antonio Julián Arzamendia, diácono permanente de la Basílica de Caacupé, recuerda que ser papá es un privilegio y destaca que congeniar su vida entre criar, educar hijos y trabajar es una gracia y mientras su servicio en la Iglesia como diácono es una bendición.

El diácono Antonio Arzamendia junto a su esposa Lilian Gómez, sus hijos Lilian Dahiana, Luz Romina y Samuel Antonio. Y los acompaña monseñor Ricardo Valenzuela.
El diácono Antonio Arzamendia junto a su esposa Lilian Gómez, sus hijos Lilian Dahiana, Luz Romina y Samuel Antonio. Y los acompaña monseñor Ricardo Valenzuela.Faustina Agüero

En el corazón de Caacupé, en el Santuario de la Virgen, uno de los rostros conocidos por los peregrinos y feligreses es el de Antonio Julián Arzamendia, diácono permanente desde hace ocho años. Ordenado el 23 de abril de 2017 por monseñor Claudio Giménez, Antonio lleva adelante una vida de entrega al servicio de Dios, su comunidad y a la familia. (Los diáconos permanentes pueden ser casados).

Casado con Lilian Gómez, con quien comparte su vida desde hace años, Antonio es padre de tres hijos: la profesora licenciada Lilian Dahiana, Luz Romina y Samuel Antonio.

Este Día del Padre, como cada año, iniciará la jornada en el Santuario participando de la misa central, y luego compartirá un almuerzo sencillo en casa.

“Gracias a Dios, mis tres hijos, aún viven con nosotros, y mi señora seguro ya tendrá preparado algún menú especial”, cuenta con una sonrisa.

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Antonio indicó que ser papá es muy valioso y destacó que congeniar su vida entre el trabajo y el diaconado es realmente una bendición.

“El diaconado en sí mismo es un servicio, y tener la oportunidad de hacerlo en el Santuario de la Virgen de los Milagros, es una gran bendición”, expresa con emoción.

“Entre la familia y el trabajo intento distribuir mi tiempo y ofrecer mi servicio a todos”, afirma, convencido de que la vocación se vive de manera integral, acompañando a la Iglesia, a la sociedad y, principalmente, a la familia", señaló Antonio.

Desde su ordenación ha formado parte de numerosas celebraciones y acompañó a los fieles en momentos importantes, especialmente durante el novenario y la Fiesta de la Virgen, fechas en las que la Basílica recibe a miles de devotos.

A lo largo de estos años, Antonio ha contado con la confianza de los obispos Monseñor Claudio Giménez y Monseñor Ricardo Valenzuela, así como de los rectores del Santuario, Arnaldo Godoy, José Benítez y Rubén Ojeda. Además, destaca la cercanía de los sacerdotes colaboradores y, sobre todo, el apoyo incondicional de su comunidad del barrio Kennedy de Caacupé.

“Desde que era laico, mi comunidad estuvo conmigo en todo momento. Les debo mucho, y más aún después de mi ordenación”, recuerda agradecido.

Entre el altar y el taller

Fuera de su labor en la Basílica, Antonio también desarrolla un trabajo secular como mecánico especializado en reparación de cajas mecánicas y encastre de engranajes. Tras atravesar una enfermedad, aprendió a equilibrar mejor su tiempo, cuidando su salud y compartiendo más momentos en familia.

Antonio acostumbra orar con su familia en el santuario de la Virgen de los milagros de Caacupé.
Antonio acostumbra orar con su familia en el santuario de la Virgen de los Milagros de Caacupé.

Un servicio integral

El ministerio de Antonio no se limita al Santuario. También asiste a las comunidades y parroquias que lo requieran, ya sea para celebraciones de Palabra, bautismos o matrimonios.

Así, Antonio Julián Arzamendia sigue construyendo su legado de fe, servicio y amor al prójimo, ejemplo de entrega y humildad en la tierra de la Virgen de Caacupé.

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