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En la institución ubicada en Yaguareté Forest, estudian 180 alumnos, desde preescolar hasta noveno grado. Sin embargo, la situación edilicia es alarmante. Los estudiantes del colegio nunca tuvieron aulas propias, en la escuela, los padres construyeron un pabellón de madera hace años, pero está deteriorado y en riesgo de derrumbe. Los niños ya no ingresan a las aulas por seguridad y desarrollaban clases a la intemperie, un comedor improvisado es utilizado como aula para un curso.
Ante esta realidad, la comunidad educativa decidió tomar la institución y suspender las clases hasta obtener respuestas concretas.
El director Sixto Galeano confirmó que los arquitectos visitaron la institución para evaluar la situación, pero hasta ahora no emitieron ningún informe ni anunciaron el inicio de las obras.
A 21 años de su fundación, la escuela sigue sin infraestructura adecuada. A esto se suma la falta de muebles, acceso a internet y la entrega incompleta de kits escolares, lo que agrava aún más la precariedad educativa.
Mientras tanto, el almuerzo escolar sigue llegando con normalidad, pero los padres y alumnos insisten en que no levantarán la protesta hasta recibir garantías reales para la construcción de las aulas.