Todo sucedió como él dijo, pero las cosas fueron mucho peor que lo que yo había esperado.
Cuando apareció el caballero negro, me dijo:
—Caballero, ¿qué quieres de mí?
¿Qué daño te he hecho para que hagas tal destrozo en mis tierras?
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—Yo le ataqué, pero él me derribó en un momento y se marchó llevándose mi caballo. Tuve que volver a pie hasta donde estaba el gigante. No puedes imaginarte cómo se burló de mí. Casi me derretí de vergüenza y humillación.
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Regresé al castillo, donde se me recibió aún mejor que la noche anterior. Nadie me hizo preguntas y yo no les conté nada. Al despertar por la mañana, encontré un espléndido caballo pinto con melena roja, que me aguardaba ya ensillado. Tomé mis armas, bendije a mis anfitriones y volví a casa. Aún poseo ese mismo caballo y no lo cambiaría por el mejor de Inglaterra.
Y estoy seguro, Cei, de que nunca has oído a nadie contar una historia tan desfavorable para él como esta. Ya tienes el relato que deseabas.
De todas las aventuras de los caballeros de la mesa redonda, la más famosa fue la búsqueda del Santo Grial, el cáliz que Jesús utilizó en la última cena con sus discípulos.
Ya en tiempos de Arturo corrían muchas leyendas acerca del cáliz sagrado, que al parecer José de Arimatea había llenado con la sangre de Jesús. Pero nadie sabía lo que había sido de él.
Una noche, el rey Arturo y sus caballeros estaban sentados alrededor de la mesa redonda, después de cenar, cuando oyeron un gran trueno, tan fuerte que hizo temblar la casa. En mitad del estruendo, un rayo de sol penetró en la estancia, siete veces más intenso que una luz normal. Al mirarse unos a otros se encontraban más atractivos que nunca y quedaron enmudecidos, seguros de que había llegado su última hora.
Entonces, manos invisibles trajeron una copa envuelta en seda blanca. Un aroma de increíble dulzura se extendió por la sala y todos vieron aparecer sobre la mesa su comida y su bebida favoritas.
La copa se movió por la habitación y desapareció tan repentinamente como había aparecido.
Durante un rato, todos permanecieron en silencio. Por fin el rey dio gracias a Dios por enviarles aquella visión. Indudablemente —dijo Sir Gawain— se nos ha ofrecido una visión de gracia. Juro que mañana, a más tardar, partiré en busca del Santo Grial. Anhelo verlo despojado de su envoltura y seguiré buscándolo mientras pueda.
Y si no lo encuentro, sabré que es por no haber sido digno de la empresa.
Al oír el juramento de Sir Gawain, los demás caballeros se levantaron e hicieron el mismo voto. Pero
Arturo se entristeció.
—¡Ay! le dijo a Sir Gawain—. Casi me han matado con su juramento, pues significa que perderé la mejor compañía y los más nobles caballeros que han existido. Cuando empiecen a marcharse, estoy seguro de que muchos de nosotros no volveremos a vernos, porque muchos morirán en la empresa.
Les he querido tanto como a mi propia vida y me duele verlos partir.
Sus ojos se llenaron de lágrimas y toda la corte quedó apesadumbrada.
La visión dio origen a una larga y difícil búsqueda, con trances y aventuras que derrotaron a casi todos los famosos caballeros. Al final, solo Sir Galahad, hijo de Lanzarote, demostró ser digno del éxito, y aun así no volvió para llevar la noticia a la corte de Arturo.
Hay quien dice que el Santo Grial aún está enterrado en el Pozo del Cáliz en Glastonbury, Somerset. Pero esa es otra historia.
APRENDE MÁS
I. Escribe un resumen del texto leído.
II. Redacta un final diferente a la historia.
Sobre el libro
Título: Colección trotamundos
Editorial: ARRAYAN