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En su reciente edición 2025 el estudio revela datos e información transcendentales para el diseño de políticas con enfoque de género.
Uno de los desafíos más significativos es la penalidad en pobreza. En el período de mayor productividad, entre los 25 y 35 años, las mujeres tienen una mayor probabilidad de vivir en hogares en situación de pobreza en comparación con los hombres. En algunos países de la región, la diferencia alcanza hasta 7 puntos porcentuales.
El acceso al empleo también refleja desigualdades. Una proporción importante de mujeres en ALC se encuentra en ocupaciones de mayor vulnerabilidad, teniendo, incluso, 5 puntos porcentuales más de probabilidad, aunado a sus menores ingresos, como el trabajo por cuenta propia o no remunerado dentro del núcleo familiar.
En el ámbito digital, la brecha de género persiste, con una diferencia de hasta 19 puntos porcentuales en el acceso a internet. Sin embargo, países como Trinidad y Tobago, Colombia y Belice han logrado avances en la reducción de esta desigualdad. Otro factor clave es la distribución del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, que recae de manera desproporcionada en las mujeres. En ALC, ellas dedican entre el doble y el triple de tiempo a estas actividades en comparación con los hombres, lo que restringe su capacidad de insertarse plenamente en el mercado laboral.
Ficha de puntuación de género de Paraguay
El panorama de las principales brechas entre hombres y mujeres revela algunos avances y aún importantes desafíos en Paraguay que son expuestos en el gráfico.
En términos demográficos, la tasa de fecundidad adolescente en el país, pese a una tendencia a la baja, se mantiene por encima del promedio regional y de los países de ingreso mediano alto. Esto supone un desafío adicional para el desarrollo educativo y laboral de las jóvenes.
En efecto, por cada hombre joven que no estudia, no trabaja ni recibe formación, hay casi tres mujeres en la misma condición, reflejando una mayor vulnerabilidad para ellas en el mercado laboral.
Por otro lado, las responsabilidades domésticas siguen siendo desiguales. Las mujeres dedican más del triple del tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, lo que limita su disponibilidad para actividades productivas y su inserción en empleos formales.
En línea con lo anterior, las mujeres enfrentan una mayor precarización laboral. Tienen cinco puntos porcentuales más de probabilidad que los hombres de desempeñar empleos vulnerables, como el trabajo familiar no remunerado o el autoempleo de baja productividad.
No obstante, se observa un progreso en la proporción de empresas con participación femenina del 63,4%. Este porcentaje supera los promedios de la región y de los países con niveles de ingreso similares, lo que indica avances en el acceso de las mujeres a espacios de liderazgo económico.
En el ámbito financiero, aunque se han registrado avances en la tenencia de cuentas en entidades bancarias, la inclusión financiera de las mujeres continúa siendo limitada. Esta situación restringe su capacidad de ahorro, inversión y acceso al crédito, factores clave para ir acortando la brecha existente en el país.
Finalmente, estas disparidades reflejan la necesidad de políticas públicas que promuevan una mayor equidad en el acceso a oportunidades económicas, la formalización del empleo y la inclusión digital para reducir las barreras que limitan la participación de las mujeres en la economía.
* Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones