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Durante la década de 1970, la atención mundial comenzaba a centrarse cada vez más en los problemas ambientales. Experimentábamos una creciente conciencia sobre el impacto de la actividad humana en la naturaleza.
Este período fue crucial para el desarrollo de tecnologías destinadas a monitorear el estado de la atmósfera de la Tierra desde el espacio.
La serie de satélites Nimbus fue fundamental en esta misión, siendo Nimbus-7 particularmente notable por su instrumental avanzado.
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Características de la sonda Nimbus-7
Nimbus-7 fue una plataforma de observación climática que llevaba a bordo varios instrumentos diseñados para estudiar diferentes fenómenos atmosféricos y climáticos.
Uno de los instrumentos clave era el Sensor Total de Ozono (TOMS, por sus siglas en inglés), diseñado específicamente para medir los niveles de ozono en la atmósfera de la Tierra.
La tecnología a bordo incluía un sensor Total de Ozono (TOMS). Este instrumento fue el encargado de realizar mediciones precisas de los niveles de ozono, proporcionando datos que permitieron visualizar por primera vez el deterioro de esta capa crucial para la vida en la Tierra.
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Otros instrumentos clave: Nimbus-7 también estaba equipado con el radiómetro de escaneo de microondas y el espectrómetro de variación solar para estudiar los cambios en la radiación solar que llegaba a la Tierra.
Descubrimiento del agujero en la capa de ozono
El descubrimiento del agujero en la capa de ozono fue un resultado crítico y no intencionado de la misión de Nimbus-7.
A través de las mediciones de TOMS, se podía observar una disminución significativa del ozono sobre la Antártida, fenómeno que con el tiempo se identificó como un “agujero”.
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El descubrimiento del agujero en la capa de ozono alertó a la comunidad científica y a los gobiernos de todo el mundo sobre la gravedad del impacto humano en el medio ambiente.
Esto llevó a la formulación de políticas ambientales globales, siendo el Protocolo de Montreal de 1987 uno de los más significativos. Este acuerdo internacional fue diseñado para reducir la producción y liberación de sustancias que agotan la capa de ozono.
Hoy en día, el legado de la misión Nimbus-7 sigue siendo inmenso. La sonda no solo proporcionó información crucial que llevó a la acción global para proteger la capa de ozono, sino que también sentó las bases para futuras misiones de observación terrestre.
Las lecciones aprendidas continúan siendo pertinentes en la actual lucha contra el cambio climático y la protección del medio ambiente.