Hay una forma silenciosa de negarle a un paciente su tratamiento. No hace falta una orden expresa ni un recorte presupuestario declarado. Basta con exigir un papel más. Desde enero de este año, ningún hospital público puede emitir una orden de compra de medicamentos sin antes obtener un Certificado de Disponibilidad Presupuestaria, el llamado CDP. El Ministerio de Economía lo presenta como una medida de transparencia. En los pasillos de los hospitales, lo que se siente es otra cosa.
El secuestro de Almir de Brum, ocurrido el 21 de febrero de 2026 en la zona rural entre Canindeyú y Caaguazú, no es solo un crimen más en la larga lista de acciones del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). Es un síntoma alarmante de algo mucho más profundo y peligroso: la normalización del terror en nuestra sociedad.
El Partido Colorado lleva décadas gobernando Paraguay con puño de hierro y, paradójicamente, con puños cerrados entre sí. Casi 70 años ininterrumpidos –salvo el breve paréntesis de Lugo– y el resultado es el mismo: un país que avanza a paso de tortuga mientras sus líderes se enzarzan en peleas de egos, facciones y revanchismos que parecen no tener fin.
Existe una confusión entre los trabajadores paraguayos respecto a la naturaleza de sus aportes jubilatorios. Muchos creen -razonablemente, pero de forma errónea- que el dinero que mes a mes se descuenta de su salario va a una cuenta personal donde se acumula hasta el momento de su retiro. La realidad jurídica y económica es distinta, y comprenderla resulta fundamental para cualquier debate serio sobre el futuro del sistema previsional.
El debate sobre la reforma de la Caja Fiscal, impulsado por el Ejecutivo y presentado recientemente al Congreso, ha reavivado una controversia de larga data en Paraguay: las jubilaciones parlamentarias, un sistema que muchos califican como ciudadanos de primera y que genera profunda indignación en amplios sectores de la sociedad.
El Presidente de la República del Paraguay, Santiago Peña, cumple hoy 47 años y es una buena oportunidad para emitir buenos deseos. No, esto no es ironía ni burla, ni buscar malas intenciones, como alguien quiso apuntarlo esta semana. Es el deseo genuino de gente que, en medio de sus propias dificultades, todavía cree que si a su líder le va bien, al Paraguay le irá bien.
