Hay que reconocer que tiene su fama bien ganada. Es el día de la semana “que se reserva” para respirar, reunirse, comer en familia o sencillamente plantarse frente al televisor a ver cómo otros corren, chutan o aceleran. Y un montón de cosas más, según el gusto de cada quien. Una jornada que, en teoría, debería terminar con un gusto agradable y la sensación de haber vivido algo bueno. En teoría.
El Parque Guazú Metropolitano no es solamente uno de los pulmones verdes más importantes de Asunción. Declarado Área Silvestre Protegida -Ley 6941/22- gracias al empeño de gente que durante años defendió este espacio, representa también una victoria sobre ciertos sectores que a toda costa querían ceder una parte significativa de su superficie. Su protección por ley nacional tuvo sabor a victoria, pero esta lucha está lejos de haber terminado.
Estos días que pasaron dejan más que lindos recuerdos compartidos en las redes y a los parientes del interior con las heladeras vacías. La pausa también invitó a la introspección, a pasar tiempo de calidad y, en teoría, a la prudencia. Al mismo tiempo, fue como una especie de espejo social. Un espejo que no refleja lo que quisiéramos ver.
Como que nos cuesta entender los mensajes que vienen del Gobierno. Hace menos de un año, con una economía que -supuestamente- se promocionaba como la de mayor crecimiento de la región y con la inflación por buen camino a ser controlada, todo eran alabanzas y autoproclamaciones de un venturoso devenir. De pronto, el escenario cambió. Radicalmente. Resulta ser que la caja fiscal está a pocos años de colapsar y el gasto público debe ser recortado drásticamente. Sin embargo...
El tema surgió, entre tantos otros, en medio de la reunión de amigos. Esas reuniones en las que se habla de mil cosas, se comentan los acontecimientos con mayor o menor pasión y se ponen sobre la mesa los temas más dispares, que provocan algunas veces mucha, y otras, poca adhesión entre los presentes.
Hace un par de días celebramos, como cada último sábado de febrero, el Día Nacional del Tereré, declarado por la Secretaría Nacional de Cultura para honrar una de nuestras costumbres más arraigadas. No es una celebración estridente ni requiere de un ceremonial. Se festeja por y como lo que es: compartiendo en una ronda, cebando con paciencia hasta que nos toque el turno y disfrutando la conversación, como también el silencio.
Seguramente, esta semana muchos titulares estarán ocupados por la noticia (¿sigue siendo noticia?) del Golpe de la Candelaria de hace 37 años. Memoriosos recordarán y darán sus puntos de vista sobre el fin de una de las dictaduras más largas de América y algunos incluso se referirán a ella como el nacimiento de la democracia paraguaya. En este punto, conviene analizar el episodio con menos épica y más criterio ciudadano.
Las leyes del seguro social europeo, especialmente españolas, que sirvieron de modelo a la versión paraguaya -léase IPS- vigente desde 1950, funcionaron al inicio en forma bastante eficaz: un sistema solidario donde trabajadores y empleadores aportan determinado porcentaje para garantizar salud y jubilación. Así lo expresa su Ley orgánica, donde está definida como una institución autónoma, técnica, profesional. Sus bienes patrimoniales -por lo menos los inmuebles- no pueden enajenarse. Hasta ahí, se hicieron muy bien las cosas.
Tuvieron que pasar más de dos décadas. Fueron 26 años de idas y vueltas, borradores interminables y múltiples desencuentros, para llegar -por fin- a la firma del tratado entre la Unión Europea y el Mercosur. Un anhelo largamente acariciado por la política internacional, que ahora hay que trabajar alineando urgencias e intereses para convertirlos en resultados tangibles.
