Escuchamos con frecuencia en el parlamento palabras muy groseras qué resultan muy chocantes al oído. Precisamente de quienes dicen representarnos o sea los que defienden nuestros intereses. Aparte que no manejan bien el idioma. Hablan pésimo el guaraní y el castellano. No saben hilar ni una idea en forma coherente. Cero en expresión oral y en lenguaje.
Se celebró el 24 de febrero, el día de la mujer Paraguaya. En homenaje a aquellas residentas que entregaron sus joyas en la Guerra Grande. Hay mucha polémica al respecto, ya que el simbolismo es cuestionable. Así como el 16 de agosto se festeja día del niño por quienes ofrendaron sus vidas en Acosta Ñu.
Ya pasaron 36 años de la caída de la dictadura. Los jóvenes que nacieron en 1989 ni se imaginan lo que fueron esos tiempos. Ni la historia paraguaya se encarga en los libros y en los colegios de hablar con sinceridad lo que fue la cruel y salvaje dictadura de Alfredo Stroessner.
Así como existen ya centros de atención al adulto mayor, también debe existir centros o unidades para atender a adolescentes y jóvenes en la parte médica. En la actualidad vemos chicas embarazadas, consumos de tabaco, alcohol y drogas. La transmisión de enfermedades sexuales y problemas mentales. Son tantos los dramas juveniles qué resulta muy difícil recordar o enumerar todos. La falta de educación es muy notoria en todo sentido. Las escuelas y colegios fallan. En el hogar a los mayores les superan los problemas y las instituciones estatales tampoco satisfacen. Los medios de comunicación ayudan como pueden y las Iglesias hacen su parte. Hace falta fomentar más la formación en salud preventiva para jóvenes.
El 10 de diciembre se celebró el Día de los Derechos Humanos. Una ocasión propicia para recordar este tema tan fundamental que en muchos países se siguen violando sin encontrar la forma de resolverlo con la ley. En el Paraguay hay muchos casos, aunque después del golpe de 1989 se prohibió la tortura en las cárceles. Una práctica muy común durante el cruel y salvaje gobierno de Alfredo Stroessner.
Para mí que estamos peor que en la época de Stroessner. Sobre todo en el plano político y social. Lo único que salva la situación es la libertad de expresión y eso que los cartistas ya se enojan a menudo con la prensa. Fue muy notorio, meses atrás, cuando el Presidente Peña reaccionó mal ante las preguntas de los periodistas sobre el uso de los fondos jubilatorios de IPS en el banco ueno. Qué furioso se puso cuando que su obligación es responder todas las preguntas, sin ofuscarse.