La palabra derrota proviene del francés déroute, que a su vez deriva del verbo desroter, que significaba “desbandar” o “dispersar” una formación militar. Dicha palabra está influida por el latín rupta (rota, quebrada). Con el tiempo, esta noción de colapso militar se trasladó al lenguaje político para referir el fiasco escandaloso de un partido o de un líder. Así, una “derrota política” no es solo perder una elección, sino cohesión y en particular respaldo popular.
En estos días fue ampliamente expuesta –ante la fastuosa y hasta cursi fiesta de cumpleaños de una “supuesta representante del pueblo”, donde el derroche y la ostentosidad brillaron– la muy famosa frase, apócrifa y erróneamente atribuida a María Antonieta de Austria, archiduquesa de Austria y reina consorte de Francia y de Navarra, esposa de Luis XVI, Borbón decapitado como ella durante la revolución francesa: “Que coman torta”.
La palabra casta deriva del latín castus (“puro”). Originalmente significaba “raza” o “linaje puro”. A partir del siglo XVI el término describe a un régimen de estratificación social hereditario y cerrado. Ha sido asociado generalmente con el hinduismo. Ciertamente en la India se la tenía como un sistema de jerarquización social, de clases sociales, donde unos grupos se consideran superiores a los otros y donde no pueden mezclarse entre sí.
Corría el año 62 a. C. Las mujeres de las clases altas de la Antigua Roma republicana se reunían a principios de cada mes de diciembre para conmemorar los ocultos ritos de la Buena Diosa. Vestales, sacerdotisas y esposas de los políticos más prominentes y encumbrados se daban cita. Los hombres tenían totalmente prohibido participar en esta celebración religiosa de carácter privado, en la que, inclusive, se cubrían las estatuas de hombres con un manto. Eran simplemente vetados.
La falta de idoneidad para un cargo público puede exteriorizarse de diversas formas, enfermedades mentales o físicas, la falta de lo que en la antigua Roma se llamaba la existimatio u honor civil –buena reputación–, o la comisión de delitos. Es que la protección del interés público y el bien común es un principio fundamental y esto por cuanto que la vigencia del Estado de derecho exige que nadie ejerza funciones públicas sin cumplir los requisitos legales. No puede ser ministro de Salud el carnicero del barrio.
La Constitución es el cimiento de un Estado republicano habida cuenta que establece principios como el del equilibrio y separación de funciones así como el mutuo control de los poderes –frenos y contrapesos–. Es la herramienta que tanto las autoridades como los ciudadanos estamos obligados a respetar para construir un mejor país. Ningún acto puede ir en contra de lo que establece la Constitución.
En su translación fiel del latín, quid pro quo significa “algo a cambio de algo que se recibe a cambio de otra cosa”. Nunca tres palabras de origen latino son tan apropiadas en nuestro medio, en particular en la esfera política sin descartar en la del Ministerio Público y Judicial y en el privado. Sobrados casos y ejemplos los hay y muchos.
