La Arquidiócesis de la Santísima Asunción publicó este jueves unas orientaciones para los fieles católicos, luego del documento dado a conocer por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, del Vaticano, acerca de los títulos que se aplican a la Virgen María.
La nota dirigida a la feligresía se titula “Mater Populi Fidelis”, María Madre del Pueblo Fiel y sale luego de la declaración del Dicasterio, lanzada el martes pasado, en la que declararon que la Virgen no puede ser “corredentora” o “mediadora” o que concede gracia.
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“Teniendo en cuenta la necesidad de explicar el papel subordinado de María a Cristo en la obra de la Redención, es siempre inoportuno el uso del título de corredentora para definir la cooperación de María. Este título corre el riesgo de oscurecer la única mediación salvífica de Cristo y, por tanto, puede generar confusión y un desequilibrio en la armonía de verdades de la fe cristiana”, dice una parte del texto del Vaticano.
El miércoles, durante una conferencia de prensa de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP), en alusión a la 246° Asamblea General Ordinaria de los obispos paraguayos. “Ni los Santos ni la Virgen María hacen milagros. Es Dios el único que hace milagros, pero ellos intervienen a nuestro favor”, declaró uno de los voceros de la Iglesia local, monseñor Celestino Ocampo, obispo de Carapeguá.
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Las orientaciones de la Arquidiócesis
“La primera cosa que debemos afirmar con serenidad es esta: A la Virgen María no se le quita nada. Sin embargo, al mismo tiempo no debemos agregarle lo que ella misma no quiso para sí”, indica la nota de la Arquidiócesis de Asunción, presidida por el cardenal Adalberto Martínez. A continuación, los cinco puntos dictados por esta instancia:
1. María, Madre del Pueblo Fiel. María es tesoro de la Iglesia. Ella es refugio, fortaleza, ternura y esperanza para nuestro pueblo creyente. Fue la primera en recibir a Jesús en su seno y en decir un “Sí” total al plan de Dios. Su lugar es único, precioso e irrepetible. Todo lo que María es, lo es por su Hijo Jesucristo.

2. Su cooperación en la obra de Jesús. La Iglesia enseña que María cooperó en la obra de la redención porque con su fe y obediencia aceptó ser la Madre del Salvador. Sin embargo, esta cooperación siempre es subordinada a la de Cristo.
La claridad de los santos, como San Agustín, nos ayudan a llamarla “colaboradora” o “cooperadora”, no corredentora, ya que decir “corredentora” puede llevar a pensar equivocadamente que María está al mismo nivel que Jesús, y eso no es correcto ni verdadero, ella no lo pidió, indicaron desde la Iglesia.
3. Cristo es el único mediador. La Biblia lo dice con claridad: “Hay un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo” (1 Tim. 2, 5-6). María intercede por nosotros, como Madre, pero lo hace siempre dentro de la única mediación de Cristo. Así lo vemos en las bodas de Caná, cuando intercede: “No tienen vino”.
4. Los milagros y la intercesión. Dios es la única fuente de la gracia y de los milagros. María y los santos interceden, es decir, piden por nosotros. Pero quien concede la gracia es Dios. Esto fortalece nuestra fe: no rezamos a María en lugar de Jesús, sino que le pedimos que nos lleve a Él, como Madre que acompaña.

5. María no pierde nada cuando la entendemos bien. El documento nos recuerda que no darle títulos inapropiados no disminuye a María. Al contrario, la presenta en su gloria verdadera: sierva humilde, llena de gracia, totalmente entregada a Dios.
Como conclusión, afirmaron lo siguiente: “Amemos a María con todo el corazón. Recemos el rosario. Acudamos a ella en las dificultades. Y, sobre todo, dejémonos conducir por ella hacia Jesús, nuestro único Salvador”.
