Según el informe del Banco Mundial, “Unlivable: Confronting extreme heat in Latin America and The Caribbean” (2025), las olas de calor prolongadas y los días de temperaturas récord ya afectan la salud, la productividad laboral y la infraestructura de las ciudades.
Desde la era preindustrial, las temperaturas medias en la región aumentaron alrededor de 1,5 °C. En un escenario climático intermedio, se prevé que los valores diarios máximos suban entre 1,5 °C y 1,7 °C hacia mediados de siglo (2040-2059), y hasta 2,7 °C para finales de siglo (2080-2099).
Este incremento podría añadir entre 36 y 69 días de calor extremo por año hacia 2050. Ninguna zona climática está exenta, incluso las ciudades templadas experimentan ya olas de calor históricas.
El documento indica que el crecimiento urbano sin planificación agrava el problema. Entre 1950 y 2023 la población urbana latinoamericana creció de 62 a 538 millones de habitantes, mediante la sustitución de bosques y suelos agrícolas por concreto y asfalto, materiales que absorben y retienen el calor.
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Este fenómeno, conocido como isla de calor urbana, puede elevar las temperaturas nocturnas hasta 7 °C u 8 °C más que en las zonas rurales circundantes.
Por su parte, el costo humano y sanitario es contundente, entre 2000 y 2022 la mortalidad asociada al calor aumentó un 140% en América Latina. En línea con lo anterior, el Banco Mundial proyecta que, entre 2026 y 2050, los efectos del cambio climático podrían provocar hasta 274.500 muertes prematuras en la región.
Como se observa en la imagen, los estudios económicos que proyectan los efectos futuros del cambio climático y del calentamiento urbano en América Latina y el Caribe muestran que, el calor urbano tendrá un costo elevado.
Para 2050, las pérdidas acumuladas en la región podrían alcanzar el equivalente a entre 1,2 y 2,5 veces el Producto Interno Bruto (PIB) de cada país. Estos datos revelan que el calor extremo ya no es solo un desafío ambiental, sino una amenaza económica de escala regional.
Año en que se proyecta que las pérdidas anuales del Producto Interno Bruto (PIB) superen el 5% del PIB:

En Paraguay, el calor extremo se entrelaza con brechas socioeconómicas profundas. El país exhibe uno de los índices de desigualdad urbana más altos del continente, lo que refleja disparidades que agravan la vulnerabilidad ante los eventos climáticos.
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En Asunción y otras ciudades, la expansión desordenada intensifica el efecto de isla térmica. A ello se suma la alta informalidad laboral y la dependencia de la energía hidroeléctrica, factores que podrían convertirse en riesgos estructurales frente a las olas de calor y las sequías recurrentes.
Paraguay ante las temperaturas extremas
Aunque aún no se encuentra entre los países más afectados por temperaturas extremas, Paraguay enfrenta el desafío de fortalecer su planificación urbana y su resiliencia energética para anticiparse a los impactos económicos del cambio climático.
El documento advierte que, el incremento de las temperaturas ejerce presión sobre los sistemas eléctricos de la región. En Paraguay, donde la generación depende en gran medida de la energía hidroeléctrica, las olas de calor y los períodos de sequía pueden reducir los caudales de los ríos y comprometer la producción.
A esto se suma un aumento de la demanda de energía debido al uso intensivo de aire acondicionado, lo que genera riesgos de sobrecarga y pérdida de eficiencia.
El informe del Banco Mundial destaca que las respuestas deben ser integrales y multisectoriales. Propone un enfoque de “Lugares, Personas e Instituciones”, que combine soluciones físicas y sociales. Entre las primeras, se incluyen el diseño urbano sostenible, los techos reflectantes, los corredores verdes y la ampliación de la cobertura vegetal.
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En el plano social, el Banco Mundial sugiere implementar sistemas de alerta temprana ante olas de calor, programas de salud laboral y seguros climáticos para trabajadores informales. Institucionalmente, recomienda la adopción de Planes de Acción frente al Calor que integren metas, presupuestos y coordinación interinstitucional, para priorizar a los grupos más vulnerables.

En definitiva, el calor extremo afecta a la economía urbana latinoamericana. Más que un fenómeno climático, se trata de un factor estructural que afecta la productividad, la equidad y la sostenibilidad de las ciudades.
Las decisiones que adopten hoy los gobiernos locales y nacionales determinarán si América Latina afrontará una crisis climática prolongada o aprovechará esta oportunidad para reinventar sus zonas urbanas como espacios más resilientes, inclusivos y habitables.
* Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones.
